Un equipo de la Universidad de Mälardalen, en Suecia, ha demostrado que los cultivos pueden coexistir bajo paneles fotovoltaicos semitransparentes de color magenta sin sacrificar productividad. En el experimento, parcelas de brócoli fueron sembradas bajo dos tipos de paneles –uno con 50 % y otro con 70 % de transparencia– y comparadas con un control a pleno sol. Los resultados mostraron que el peso promedio del brócoli bajo los paneles (170 g) fue ligeramente inferior al del control (188 g), pero la diferencia no resultó estadísticamente significativa. Sin embargo, la maduración tardó 25 días más, pasando de 74 a 104 días, lo que implica un ajuste en los ciclos agrícolas.
La clave del éxito radica en la capacidad de los paneles magenta de filtrar la luz verde y dejar pasar mayormente las longitudes de onda roja y azul, esenciales para la fotosíntesis. Este espectro modificado permite que las hojas adapten su metabolismo a menor radiación sin perder eficiencia, mientras la capa de telururo de cadmio genera electricidad. La eficiencia de uso de la radiación fue 4,5 veces mayor que en campo abierto, lo que sugiere que la planta aprovecha mejor la luz disponible bajo el panel.
El proyecto responde a una preocupación creciente: los parques solares requieren extensas áreas rurales, compitiendo directamente con la agricultura por el uso del suelo. En Suecia, la disputa se hizo evidente cuando la autoridad provincial de Escania rechazó un parque solar en 2022 por priorizar la producción de alimentos. La agrivoltaica, que combina energía y cultivo en el mismo terreno, busca resolver este conflicto y, según los autores, podría elevar la productividad total de la tierra en un 18 % respecto a la producción separada de energía y alimentos.
El experimento se llevó a cabo en 2024 en la granja Kärrbo Prästgård, cerca de Västerås, donde se instalaron dos estructuras de 20 × 20 m. Además de los paneles magenta, se incluyó una parcela de control a pleno sol para validar los resultados. Los investigadores observaron que ambos niveles de transparencia produjeron rendimientos similares, lo que abre la posibilidad de usar paneles más densos para generar mayor energía sin afectar la cosecha.
A pesar de los resultados alentadores, los autores advierten que el estudio tiene limitaciones: solo se probó un cultivo, en una única ubicación y durante una temporada. Se requieren ensayos con cereales, frutales y en climas diferentes para confirmar la viabilidad a gran escala. Asimismo, el análisis económico aún falta, pues no se han calculado costos de instalación, mantenimiento ni el tiempo de amortización.
En conclusión, la agrivoltaica con paneles rosas podría representar una solución sostenible para la creciente demanda energética sin desplazar la producción agrícola. Si bien se necesita más investigación, el proyecto sueco muestra que la convivencia entre energía solar y cultivos es factible, ofreciendo una alternativa que protege tanto el suelo como la seguridad alimentaria.
Fuente: xataka