En la cueva de Shanidar, ubicada en el Kurdistán iraquí, arqueólogos de la Universidad de Cambridge han identificado una herida de lanza en el omóplato de un neandertal de unos 45 años, conocido como Shanidar A. El orificio de 15 mm y los fragmentos óseos alrededor revelan que el arma entró por la parte frontal del pecho, atravesó el pulmón izquierdo y salió por la escápula, probablemente alcanzando el corazón. Este hallazgo constituye la evidencia más antigua de violencia letal con arma de madera en el registro fósil de homínidos.
Sin embargo, la historia del individuo no termina con la muerte. Análisis de la dentadura muestran una fractura facial previa que habría desfigurado al neandertal y dañado varios dientes. La presencia de sarro en la raíz del diente indica que la pieza permaneció en la boca durante meses, lo que sugiere que el individuo sobrevivió al menos un año después del golpe facial, recibiendo cuidados de sus compañeros. Los investigadores interpretan que, para superar una lesión tan grave, alguien debió alimentarlo y protegerlo, evidenciando una conducta de apoyo social temprana.
El contexto de Shanidar A se enmarca en un conjunto funerario de cinco cuerpos depositados bajo una gran roca, lo que sugiere rituales funerarios intencionales. Emma Pomeroy, coautora del estudio, considera que la disposición cuidadosa de los restos refleja una práctica simbólica repetida a lo largo de generaciones, reforzando la idea de que los neandertales poseían conceptos de respeto y recuerdo hacia los muertos.
La relevancia de este descubrimiento radica en que la violencia interpersonal sistemática es extremadamente rara en la prehistoria profunda. La mayoría de los casos documentados provienen de sociedades agrícolas sedentarias miles de años después. Por ello, la lanza hallada en Shanidar abre una ventana a la complejidad social de los neandertales, desafiando el estereotipo de seres brutales y sin empatía que persiste desde el siglo XIX.
Aunque no se descarta la posibilidad de un accidente de caza, la posición de la herida y la fuerza requerida hacen más plausible un ataque deliberado entre miembros del mismo grupo. Los arqueólogos prefieren la explicación de violencia interindividual, lo que sugiere que los conflictos mortales ya formaban parte de la vida neandertal.
La cueva de Shanidar sigue siendo una joya para la paleoantropología, pues ha aportado datos clave sobre la biología y cultura de Homo neanderthalensis. Hallazgos como el de Shanidar A demuestran que, hace 75 000 años, los neandertales ya combinaban la crudeza de la violencia con la compasión hacia sus heridos, ofreciendo una visión más matizada de nuestros antiguos parientes.
Fuente: xataka