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Células zombis: la clave para frenar el envejecimiento según nuevos estudios

por editor
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El paso del tiempo deja marcas visibles e invisibles en nuestro organismo. Entre los principales culpables están las llamadas células senescentes, popularmente conocidas como “células zombis” porque dejan de dividirse pero no mueren, acumulándose en los tejidos y liberando sustancias inflamatorias que aceleran el envejecimiento y favorecen enfermedades crónicas.

Nuestro cuerpo no es ajeno a este problema; cuenta con mecanismos de limpieza que intentan eliminar esas células rebeldes. Sin embargo, con los años esa capacidad se deteriora, lo que permite que los zombis se acumulen y generen un entorno proinflamatorio. Este deterioro de la “fábrica de reciclaje” biológico ha motivado a científicos de todo el mundo a buscar la forma de reactivar la eliminación de las células senescentes.

Un equipo de investigadores ha centrado su atención en los macrófagos, glóbulos blancos que actúan como los encargados de devorar células dañadas. Los estudios revelan que, al envejecer, la eficiencia de estos macrófagos disminuye drásticamente debido a la señalización de la molécula prostaglandina E2 (PGE2) y su receptor EP2. En lugar de usar glucosa como energía para la fagocitosis, la vía EP2 desvía el metabolismo hacia la acumulación de glucógeno, dejando a los macrófagos sin la energía necesaria para cumplir su función.

En 2021, un primer grupo de científicos demostró que bloquear esa vía en ratones ancianos restauraba la memoria. El nuevo trabajo amplía esos hallazgos: al reducir la señal EP2 en macrófagos residentes, no solo mejoró la eliminación de células senescentes, sino que también se evitó el deterioro cognitivo, la fragilidad, la pérdida muscular y la inflamación sistémica. Además, la inhibición farmacológica de EP2 mostró efectos similares en tejidos humanos envejecidos y enfermos.

Estos resultados reavivan la larga discusión sobre la relación entre inflamación y enfermedades relacionadas con la edad. Estudios como el de Rotterdam (2001) sugirieron que antiinflamatorios podrían reducir el riesgo de Alzheimer, aunque ensayos posteriores no confirmaron plenamente esa hipótesis. La complejidad radica en traducir descubrimientos preclínicos a tratamientos seguros para personas.

El futuro de la terapia antienvejecimiento parece orientarse hacia los llamados senolíticos, fármacos diseñados para eliminar células senescentes. Con los nuevos datos, la comunidad científica se encuentra en una fase crítica de transición hacia ensayos clínicos en humanos. El reto será demostrar que estas intervenciones no solo prolongan la vida, sino que mejoran la calidad de la misma, reduciendo la carga de enfermedades crónicas asociadas al envejecimiento.

Fuente: Xataka

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