Francia y Alemania anunciaron este viernes 16 de octubre un acuerdo que suaviza la prohibición de facto de vender vehículos nuevos con motor de combustión interna prevista para 2035. Los dos países europeos buscan una hoja de ruta más flexible que permita a la industria automotriz adaptarse a realidades de mercado distintas, sin abandonar el objetivo de descarbonizar el sector. La medida incluye una reducción gradual del objetivo de emisiones de CO₂, que pasaría del 100% actual al 90% para los autos nuevos, sin exigir compensaciones adicionales.
El pacto también contempla el aumento paulatino de la cuota de componentes fabricados en Europa, con la intención de reforzar la cadena de suministro local y evitar dependencias externas. Según los gobiernos, esta estrategia favorecerá la inversión en investigación y desarrollo, impulsará la producción europea y hará más resilientes las redes de proveedores. La iniciativa responde a la presión de la industria automotriz alemana, que había demandado mayor flexibilidad para no sacrificar competitividad.
Ambos ministros de medio ambiente describieron el acuerdo como una “ambiciosa hoja de ruta europea de descarbonización” que combina rigor ambiental con realismo económico. Señalaron que la flexibilidad regulatoria es clave para que países con diferentes estructuras productivas puedan cumplir los objetivos climáticos sin generar desequilibrios en el mercado interno.
El plan contempla que, a partir de 2027, los fabricantes deberán presentar un plan de transición que incluya una mayor proporción de piezas producidas en territorio europeo. Asimismo, se establecerán incentivos fiscales y subsidios para proyectos de electrificación y tecnologías híbridas, con el fin de acelerar la sustitución gradual de los motores tradicionales.
Críticos del acuerdo advierten que la reducción del objetivo de emisiones podría retrasar la adopción masiva de vehículos eléctricos y comprometer los compromisos internacionales de reducción de gases de efecto invernadero. Sin embargo, los gobiernos defienden que la medida es un punto de equilibrio necesario para evitar una crisis de empleo en la industria automotriz y para mantener la competitividad frente a Asia y Estados Unidos.
El anuncio se produce en un contexto de crecientes tensiones energéticas y de presión de la Unión Europea para cumplir con el Pacto Verde. Francia y Alemania, como dos de los mayores productores de automóviles del continente, buscan liderar una transición que sea técnicamente viable y socialmente aceptable, mientras intentan evitar sanciones por incumplimiento de los objetivos climáticos.
En los próximos meses se espera que la Comisión Europea revise el acuerdo y lo incorpore a la normativa comunitaria, lo que podría sentar un precedente para otros países miembros que también enfrentan desafíos similares en la transición hacia la movilidad sostenible.
Fuente: Dw