Los primeros cadáveres de tiburones blancos hallados en la costa de Gansbaai, Sudáfrica, sorprendieron a la comunidad científica: los cuerpos estaban desgarrados y les faltaba el hígado, un órgano que representa casi un tercio del peso del depredador. En 2017, una hembra de 1,100 kilos llegó a la playa con una herida abierta en el vientre, evidencia de que alguien había extraído sus 90 kilos de hígado. La bióloga Alison Towner, quien realizó la necropsia, notó el mismo patrón en cinco tiburones más y sospechó de un agresor común.
El sospechoso resultó ser un dúo de orcas macho, apodadas Puerto y Estribor por la inclinación de sus aletas dorsales. Estas orcas, probablemente hermanos, aparecieron cerca de Ciudad del Cabo en 2015 y, poco después, los buceadores encontraron tiburones muertos sin hígado. Aunque los investigadores no pudieron probar la culpabilidad en ese momento, la coincidencia de fechas y lugares alimentó la hipótesis de una guerra submarina entre los dos superdepredadores.
La prueba definitiva llegó en 2022, cuando un operador de drones capturó a tres orcas atacando a un tiburón blanco de tres metros en la bahía de Mossel. Una de las orcas empujó al tiburón a la superficie, lo volteó y lo mordió cerca de las aletas pectorales, antes de sumergirlo con la boca y extraer el hígado. Desde entonces, avistamientos similares se han registrado en costas de California, Australia y el Golfo de California, donde la manada mexicana conocida como Moctezuma ha repetido la táctica.
Los científicos explican que las orcas buscan el hígado porque es la reserva energética más rica del tiburón, mientras que el propio tiburón depende de ese órgano para migraciones largas y para mantenerse a flote. Al extraerlo, las orcas no solo obtienen alimento, sino que neutralizan a un rival que compite por focas y delfines. La estrategia requiere coordinación grupal, pero también se ha observado a individuos, como Estribor, que mató a un tiburón joven en solitario en 2023.
El impacto ecológico es profundo. En Sudáfrica, la presencia de orcas ha forzado a los tiburones blancos a abandonar sus áreas tradicionales, desplazándose mar adentro o hacia el este. Esta huida altera la cadena trófica: los lobos marinos y los tiburones de siete branquias aumentan, mientras que la población de peces disminuye. En California, la breve visita de orcas provocó la salida temporal de tiburones de la zona de Farallon Sureste, reduciendo los ataques a elefantes marinos en un 70%.
Los investigadores advierten que el cambio climático, al calentar las aguas, está acercando a ambos depredadores, intensificando los enfrentamientos. Si bien no se sabe si la caza de tiburones por parte de orcas es una conducta nueva o simplemente más visible por la proliferación de cámaras, lo cierto es que la inteligencia y la cultura social de las orcas les permiten adaptar tácticas letales que podrían remodelar los ecosistemas marinos en todo el planeta.
Fuente: Bbc