Una jueza de Virginia sentenció a Karyann Parkinson, de 36 años, a seis meses de prisión suspendida tras ser hallada culpable de abuso infantil por permitir que su hijo de cinco años caminara sin supervisión. El niño, Samuel, había salido solo de la urbanización Ford’s Colony en Williamsburg para recorrer unos 800 metros hasta un estanque donde quería recoger plumas de ganso. Parkinson asegura que le dio permiso explícito, diciendo: “Ve allí y vuelve enseguida”, y que no anticipó ningún riesgo.
El incidente se detectó cuando un guardia de seguridad del complejo encontró a Samuel en el camino y lo acompañó de regreso a su casa. El guardia recordó que, aunque el reglamento interno no prohibía que los niños estuvieran solos, la ley estatal sí lo impedía, y decidió llamar a la policía. Autoridades de protección infantil visitaron la residencia para inspeccionar las condiciones de vida de la familia.
El 21 de agosto, el caso llegó a juicio y el jurado encontró a Parkinson culpable del delito de “contribuir a la delincuencia de un menor”. La condena incluye la inscripción de su nombre en el registro de abuso y negligencia infantil de Virginia por siete años, lo que le prohibirá ofrecerse como voluntaria en la escuela de su hijo hasta que éste alcance el sexto grado. A pesar de la sentencia, la madre permanecerá en libertad mientras apela la decisión, proceso que se prevé para enero.
El caso ha reavivado el debate sobre la autonomía infantil en Estados Unidos. Virginia es uno de los 13 estados que cuenta con una ley de independencia razonable para menores, diseñada para evitar la intervención excesiva del Estado en decisiones parentales. Parkinson argumenta que la infancia debería permitir más libertad y que la sociedad ha encajonado a los niños en entornos cada vez más protegidos durante los últimos 30 años.
Expertos en desarrollo infantil señalan que la capacidad de los niños para desplazarse solos depende de múltiples factores, como la edad, el entorno y la madurez del menor. Sin embargo, la legislación estatal establece límites claros para proteger a los menores de posibles peligros, y la sentencia de Parkinson sirve como recordatorio de esas normas.
Mientras tanto, la madre ha recibido un amplio apoyo de otras familias que relatan experiencias similares, y ha anunciado que recurrirá la condena, esperando que el proceso judicial reconozca la necesidad de equilibrar la seguridad con la independencia de los niños.
El caso sigue bajo observación y podría sentar precedentes sobre cómo se interpretan y aplican las leyes de autonomía infantil en los tribunales estadounidenses.
Fuente: Bbc