El Senado brasileño dio un paso histórico al aprobar, con 75 votos a favor y solo uno en contra, la reforma constitucional que acortará la jornada laboral de 44 a 40 horas semanales y establecerá una semana de cinco días. La votación se realizó el pasado lunes y el proyecto ya había recibido el visto bueno de la Cámara de Diputados en mayo de 2026, por lo que ahora será promulgado por las mesas directivas de ambas cámaras sin necesidad de la firma del presidente.
La promulgación está programada para el martes 20 de octubre de 2026, fecha a partir de la cual la norma entrará en vigor. La reforma contempla una reducción gradual: dos meses después de su publicación, el límite máximo de trabajo pasará a 42 horas semanales, y un año después –es decir, 14 meses tras la promulgación– se fijará en 40 horas, con un máximo de ocho horas diarias. Esta transición busca dar tiempo a empresas y trabajadores para adaptarse a la nueva dinámica.
Uno de los pilares de la iniciativa es la prohibición de cualquier reducción salarial, ya sea nominal o proporcional, incluyendo los salarios mínimos establecidos para cada categoría profesional. De este modo, la medida busca mejorar la calidad de vida sin afectar los ingresos de los trabajadores, un argumento central en la campaña del presidente Luiz Inácio Lula da Silva, quien ha defendido la reforma como un avance social y económico.
Curiosamente, la propuesta también cuenta con el respaldo del principal adversario de Lula en la contienda electoral, Flávio Bolsonaro. Ambos candidatos han señalado que la reducción de la jornada laboral será un tema clave en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, programada para el 25 de octubre, lo que añade un matiz político a la discusión.
Los analistas económicos estiman que la medida podría impulsar la productividad y generar más puestos de trabajo, aunque advierten sobre posibles costos para pequeñas y medianas empresas que podrían enfrentar mayores gastos operativos. Por su parte, los sindicatos celebran la iniciativa, considerándola una victoria para los derechos laborales y la conciliación entre vida personal y profesional.
En los próximos meses, el Congreso y el Ejecutivo deberán definir los detalles de implementación, como la forma de fiscalizar el cumplimiento de la norma y los mecanismos de apoyo a empresas que requieran ajustes estructurales. La expectativa es que la reforma marque un precedente en América Latina, donde la jornada de 44 horas sigue siendo la norma en la mayoría de los países.
Fuente: Dw