El presidente Donald Trump ha intentado convertir la crisis energética en un arma política a pocos días de los comicios de medio término en EE. UU. Con los precios del diésel batiendo récords, sobre todo en los estados agrícolas del medio oeste, el mandatario anunció la importación de cientos de miles de barriles de combustible ruso. En su cuenta de Truth Social prometió “precios más bajos para los estadounidenses” y ordenó al Departamento del Tesoro suspender las sanciones que prohibían la venta de diésel ruso en los mercados internacionales. La medida, sin embargo, se topó con la legislación aprobada en 2022 que prohibía cualquier importación de energía proveniente de Rusia para evitar financiar la guerra en Ucrania.
Al mismo tiempo, Trump proclamó un “alto al fuego energético” entre Rusia y Ucrania, alegando que ambos países habían acordado detener los ataques a la infraestructura energética. El presidente ucraniano Volodymyr Zelensky desmintió haber sido notificado y señaló que Rusia continuó bombardeando centrales eléctricas. La contradicción dejó al descubierto la falta de coordinación entre Washington y Kiev, y puso en duda la efectividad de la supuesta tregua anunciada por Trump. Además, la prensa internacional reportó que EE. UU. había amenazado con cortar la venta de armas a Ucrania si el país no cesaba los ataques a refinerías rusas, intensificando la tensión diplomática.
Los analistas señalan que la estrategia de Trump busca desviar la culpa de la escasez de energía hacia conflictos externos, como la guerra en Irán, y alejar la responsabilidad de su gestión interna. Las encuestas muestran que los votantes consideran la confrontación con Irán como la principal causa de los problemas energéticos, mientras que la aprobación del presidente en temas de economía y seguridad ha caído drásticamente. En este contexto, el anuncio del diésel ruso provocó una reacción inmediata de varios senadores republicanos, que se unieron a los demócratas para exigir la revocación de la medida, argumentando que viola la ley de 2022.
La polémica también se extiende a la escena internacional. Mientras el conflicto entre Rusia y Ucrania sigue sin resolverse, los hutíes atacaron aeropuertos e instalaciones energéticas en Arabia Saudita, elevando la amenaza de una escalada en Oriente Medio. Estos ataques podrían volver a presionar los precios del petróleo, complicando aún más los intentos de Trump de presentar soluciones simples. Expertos advierten que la combinación de tensiones en Europa y el Medio Oriente podría generar una nueva ola de aumentos en los precios de los combustibles, afectando a los estadounidenses antes de las elecciones.
En resumen, la jugada de Trump de combinar la importación de diésel ruso con la proclamación de un alto al fuego energético ha generado críticas tanto en el Congreso como en la comunidad internacional. La medida no ha logrado reducir significativamente los precios del diésel, que siguen por encima de los US$6 por galón, y ha puesto en entredicho la capacidad del presidente para gestionar la crisis energética. Con el voto de la población estadounidense pendiente, la falta de soluciones concretas podría convertirse en un factor decisivo en las urnas.
El episodio subraya la complejidad de la geopolítica energética y la dificultad de encontrar respuestas rápidas a problemas estructurales. Mientras tanto, los votantes observarán si las promesas de Trump se traducen en mejoras reales o si la crisis seguirá alimentando la desconfianza hacia la administración actual.
Fuente: Bbc