Una rápida travesía en camioneta nos llevó al corazón del suroeste de Yemen, donde las fuerzas progubernamentales intentan retomar el control de Shaab‑al‑Jinn, en la gobernación de Lahj. Allí, bajo el cielo árido, los soldados erigieron barreras de sacos de arena y mostraron trincheras recién cavadas, evidencia de combates intensos contra los rebeldes hutíes que, según el comandante Tawfiq Al Haboun, cuentan con francotiradores, artillería y lanzadores de misiles balísticos.
El conflicto yemení, iniciado en 2014 con la toma de Saná por los hutíes, se ha convertido en una guerra de dimensiones regionales. Arabia Saudita lidera una coalición que respalda al gobierno reconocido internacionalmente, mientras Irán apoya a los rebeldes. La lucha se extiende hasta el estrecho de Bab al‑Mandab, una vía marítima crucial que conecta el Mar Rojo con el Golfo de Adén y que transporta cerca del 10% del petróleo mundial. La presencia de unos 500 combatientes hutíes en una posición elevada sobre este corredor eleva la presión sobre los precios del crudo y la seguridad del suministro energético global.
En los últimos días, los hutíes intensificaron sus ataques, incluyendo el uso de drones cargados con explosivos C4 que fueron derribados por las fuerzas del sur. Fragmentos de fibra de vidrio y metal recogidos por Al Haboun prueban la sofisticación del armamento enemigo. Aun cuando las tropas progubernamentales afirman haber recuperado el 85% del territorio, los combates continúan y los riesgos de nuevos embates contra buques comerciales persisten.
La guerra no solo afecta la geopolítica; la población civil sufre una crisis humanitaria sin precedentes. La Organización Internacional para las Migraciones estima que más de 200,000 personas han sido desplazadas desde septiembre, huyendo de bombardeos y ataques con drones. En los campos improvisados, familias como la de Aisha, una anciana de Kahboob, sobreviven sin agua, comida ni refugio, mientras la hambruna avanza inexorablemente.
Los hospitales de Adén están colapsados. En un centro militar, 51 heridos llegaron en un solo día, muchos con heridas de bala y fracturas que requieren amputaciones. Médicos como el Dr. Bassam Hazar tratan a combatientes de ambos bandos sin distinción, pese al agotamiento de recursos y la constante llegada de nuevos pacientes.
A pesar de los intentos de tregua en 2022, la violencia se ha reactivado y los hutíes controlan gran parte del país. Las perspectivas de una solución negociada siguen siendo escasas, y la comunidad internacional observa con preocupación cómo la conflagración yemení sigue alimentando la inseguridad energética y la catástrofe humanitaria.
Fuente: Bbc