Las redes sociales han transformado la manera en que las parejas se relacionan, creando nuevos escenarios donde un simple “me gusta” o un mensaje privado pueden considerarse una forma de infidelidad. Según la psicóloga Natalia Franco, la tecnología ha ampliado los límites tradicionales de la traición, añadiendo mensajes, fotos y apps de citas como posibles vías de engaño. Antes, la infidelidad se medía en encuentros físicos; hoy, la pantalla permite conversaciones íntimas sin necesidad de verse cara a cara, lo que obliga a las parejas a redefinir sus acuerdos.
Candela, una joven de 21 años que prefiere permanecer anónima, asegura que existen muchas herramientas para ligar que antes no existían. La facilidad de iniciar una charla a través de Instagram Direct o WhatsApp hace que la interacción sea más duradera y recurrente, generando conflictos cuando uno de los miembros de la pareja percibe una falta de respeto. Josselyn Sevilla, psicóloga especializada en adolescentes, señala que el “mundo virtual” amplía significativamente el abanico de posibilidades para ser infiel, conectando a personas de cualquier parte del planeta.
Los expertos coinciden en que la infidelidad no es un fenómeno nuevo, pero sí ha cambiado de forma. Belén Sánchez, psicóloga de parejas, recuerda que antes se pensaba principalmente en traiciones físicas; ahora, el coqueteo digital, el envío de fotos o el desarrollo de un vínculo emocional pueden ser tan dañinos como una aventura real. La intención, el grado de intimidad y el ocultamiento consciente son los criterios clave para determinar si una conducta constituye una traición, según Franco.
En la práctica, conductas como aceptar solicitudes de amistad de desconocidos, interactuar con “likes” en publicaciones ajenas, usar apps de citas mientras se está en una relación o archivar conversaciones en WhatsApp son señaladas como posibles infracciones. Bea Ruiz, creadora de contenido, equipara dar “me gusta” a una historia de Instagram con mirar a una desconocida en la calle, subrayando la percepción de falta de respeto que generan estas acciones.
La psicología también habla de la “infidelidad emocional”, donde se confía intimidad, problemas y sentimientos a otra persona fuera de la pareja. Este tipo de engaño, cada vez más frecuente en la era digital, puede producir un daño emocional comparable o incluso mayor que el de una traición física. Marta Barranco, terapeuta de parejas, recomienda que cada relación establezca sus propias reglas y que la verdadera frontera se trace en el motivo del ocultamiento: si se esconde algo porque se sabe que está mal, la confianza se rompe.
Finalmente, las plataformas digitales no crean conflictos nuevos, sino que los hacen más visibles. La pantalla permite ocultar interacciones, pero también deja rastros que pueden ser descubiertos. Por ello, los especialistas aconsejan conversar explícitamente sobre los límites digitales, evitando suposiciones y asegurando que ambos miembros comprendan qué conductas consideran inaceptables. Solo así se puede mantener una relación basada en la confianza y el respeto mutuo.
Fuente: xataka