El satélite estadounidense USA‑32, conocido en el catálogo NORAD como “Farrah III”, se fragmentó el 13 de septiembre de 2026 a los 21:13 UTC, a unos 775 km de altura, según informó la Space Force. El objeto, lanzado en plena Guerra Fría para tareas de inteligencia electrónica, llevaba casi cuatro décadas orbitando la Tierra cuando, sin previo aviso, se deshizo en varios fragmentos que ahora forman parte del creciente basurero espacial.
El Instituto Nacional de Astrofísica italiano (INAF) confirmó la ruptura y señaló que, por el bajo nivel de densidad atmosférica a esa altitud, los restos podrían permanecer en órbita durante años. En esa zona circulan más de 200 satélites activos, además de escombros de la colisión de 2009 entre una nave estadounidense y una rusa, lo que incrementa el riesgo de colisiones y obliga a la vigilancia constante de la Space Force.
Los fragmentos más pequeños son los más peligrosos, pues son difíciles de rastrear desde la Tierra y pueden impactar con velocidad suficiente para dañar naves tripuladas o satélites de comunicaciones. La Estación Espacial Internacional y la estación china Tiangong orbitan a altitudes menores, pero, con el tiempo, algunos pedazos podrían descender hasta sus trayectorias, obligándolas a maniobras evasivas.
Farrah III formaba parte del programa de reconocimiento del NRO y tenía una forma cilíndrica aplanada, apodada “lata de atún”, con tres antenas parabólicas y un procesador táctico que enviaba datos a usuarios en tierra, incluidos buques de la Marina. Su vida útil nominal era de tres años, pero permaneció operativo al menos hasta 2004, superando ampliamente las expectativas de su época.
Las causas de la fragmentación aún son desconocidas. Los expertos apuntan a posibles fallas en baterías envejecidas, combustible residual, gases a presión o el desgaste térmico acumulado tras miles de ciclos de calor y frío. También se barajan hipótesis como el impacto de un meteoroide o, en el peor de los casos, una prueba de arma antisatélite, aunque no existen pruebas que lo confirmen.
El siguiente paso será rastrear los fragmentos, determinar sus órbitas y evaluar el riesgo que representan. La Space Force ya ha incorporado los restos a su monitoreo rutinario, pero el recuento oficial de piezas aún no se ha publicado. La investigación podría tardar meses o incluso años, mientras la comunidad internacional sigue preocupada por el creciente problema de los desechos orbitales.
Fuente: xataka