En las megaciudades mexicanas, la calidad del aire se ha convertido en una preocupación cotidiana. Más allá de los problemas respiratorios, recientes investigaciones apuntan a que la polución también puede dañar la salud bucal, provocando inflamación y pérdida ósea en las encías.
Un equipo de científicos brasileños expuso a 40 ratones macho a partículas finas PM2.5, típicas de zonas de tráfico intenso, durante 30 y 60 días. Los animales se dividieron en dos grupos: uno respiró aire filtrado y el otro inhaló concentraciones de 600 µg/m³, veinte veces superiores al promedio ambiental de la zona (≈22 µg/m³). En una segunda fase, algunos ratones recibieron microinyecciones de lipopolisacárido bacteriano para inducir inflamación periodontal artificial.
Los resultados mostraron que la exposición al PM2.5 desencadenó inflamación y estrés oxidativo en la lengua y el periodonto, con signos de hiperqueratosis y desorganización epitelial. Más importante, los ratones con inflamación preexistente presentaron una significativa reducción del volumen óseo alveolar, evidenciando que la contaminación actúa como cofactor que empeora una enfermedad ya presente, y no como iniciador directo de la periodontitis.
Aunque el estudio se realizó en roedores jóvenes y con una dosis experimental elevada, sus hallazgos coinciden con datos de poblaciones humanas. Un análisis de 96 ciudades chinas relacionó aumentos de PM2.5 con un 7‑9% más de riesgo de periodontitis. En Corea del Sur, más de 42,000 participantes mostraron mayor prevalencia de la enfermedad al incrementarse las partículas PM10. Sin embargo, una investigación colombiana de 2025 no encontró asociación entre PM2.5 y periodontitis grave, lo que indica que los resultados aún son inconclusos y dependen de factores locales.
Las implicaciones son relevantes para la salud pública. Si la contaminación del aire potencia la pérdida ósea en personas con enfermedad periodontal, los habitantes de zonas altamente contaminadas podrían enfrentar complicaciones dentales más severas, como movilidad dental y mayor riesgo de pérdida de dientes. Por ello, profesionales de la odontología y autoridades sanitarias deben considerar la calidad del aire como un factor de riesgo adicional al diseñar estrategias de prevención y tratamiento.
Mientras tanto, la comunidad científica insiste en la necesidad de estudios longitudinales en humanos que evalúen la exposición real a PM2.5 y sus efectos a largo plazo en la salud oral. Sólo así se podrán establecer políticas ambientales y de salud dental más efectivas para proteger a la población de los efectos combinados de la contaminación y las enfermedades periodontales.
Fuente: xataka