El embajador de Estados Unidos en China, David Perdue, declaró este domingo en Fox News que el expresidente Donald Trump le preguntó al líder chino Xi Jinping si Pekín estaría interesada en adquirir armamento estadounidense. Según Perdue, Trump habría insinuado que “vendemos armas a otros países del mundo” y, en un momento, le habría preguntado directamente a Xi si le gustaría comprar algunas. La entrevista se dio en el contexto de la visita de Estado de Xi a Washington la semana pasada, aunque el diplomático no precisó la fecha exacta de la conversación ni la respuesta del mandatario chino.
El Departamento de Estado desmintió de inmediato la supuesta oferta, recordando que la legislación estadounidense prohíbe la venta de armas a China. Fuentes anónimas del organismo confirmaron que no existe ningún plan ni propuesta formal para transferir armamento a Pekín, y que la ley vigente ha impedido cualquier transacción de este tipo durante más de treinta años. La normativa también restringe la venta de tecnología militar avanzada, lo que refuerza la postura de Washington de contener el crecimiento militar de su principal rival estratégico.
La declaración de Perdue revive una rivalidad que se extiende más allá del ámbito militar, involucrando también los sectores tecnológico y comercial. EE. UU. ha mantenido una política de disuasión frente al Ejército Popular de Liberación, enfocándose en fortalecer alianzas en la región y en proveer a Taiwán de equipos defensivos valorados en 14,000 millones de dólares. Este paquete se considera una “moneda de cambio” en las negociaciones con Pekín, que reclama la soberanía sobre la isla autogobernada.
Desde la década de 1990, Estados Unidos no ha vendido armas convencionales a China, y la estrategia estadounidense se ha centrado en la contención más que en el suministro. Sin embargo, la conversación reportada entre Trump y Xi sugiere que, a nivel personal, el exmandatario podría haber explorado la posibilidad de abrir un canal de ventas, aunque sin respaldo institucional. La aparente contradicción entre la postura oficial y los comentarios del embajador genera incertidumbre en la comunidad internacional.
En la cumbre de Washington, Xi presionó a Trump para que expresara un rechazo claro a la independencia de Taiwán. Trump, por su parte, afirmó que el presidente chino “entiende bastante bien su posición” y que el tema no se debatió extensamente. La falta de claridad sobre la discusión de armas añade una capa más de complejidad a las relaciones bilaterales, que ya están marcadas por tensiones en el mar del Sur de China y en la carrera tecnológica.
Expertos advierten que cualquier insinuación de venta de armas a China podría desestabilizar la ya frágil arquitectura de seguridad en Asia‑Pacífico. Mientras tanto, Washington mantiene su compromiso de apoyar a Taiwán y de reforzar alianzas con Japón, Corea del Sur y Australia, buscando equilibrar el poder regional sin romper las leyes que prohíben la transferencia de armamento a Pekín.
Fuente: Dw