En febrero de 1945, el submarino británico HMS Venturer se topó, a ciegas, con el U‑864 alemán frente a la costa noruega. La tripulación británica apenas escuchaba el motor enemigo y, sin sonar activo que revelara su posición, siguió al objetivo durante tres horas bajo el mar. La misión del U‑864, parte de la Operación César, era transportar tecnología, especialistas y toneladas de mercurio a Japón, aliado de Alemania, pero una avería mecánica hizo que sus motores emitieran un ruido característico, facilitando su localización.
El comandante del Venturer, Jimmy Launders, decidió no usar el ASDIC, el sonar activo que habría delatado su presencia, y confiar en los hidrófonos para rastrear al submarino enemigo. Mientras el U‑864 maniobraba en zigzag, Launders calculó su rumbo, velocidad y profundidad estimada, un reto tridimensional sin precedentes. Los torpedos de la época no contaban con guía automática; el oficial tuvo que predecir dónde estaría el objetivo minutos después de lanzar los misiles.
A las 12:12 del 9 de febrero, Launders ordenó el disparo de cuatro torpedos, separados por 17,5 segundos y configurados para cubrir distintas profundidades y trayectorias. El objetivo recibió la alerta y realizó evasivas, logrando que los tres primeros torpedos fallaran. El cuarto, sin embargo, impactó al U‑864, partiendo su casco y hundiéndolo con sus 73 tripulantes a una profundidad de aproximadamente 150 metros, donde permaneció desaparecido durante casi seis décadas.
Este enfrentamiento es el único caso documentado en que un submarino hundió a otro mientras ambos estaban sumergidos. En otras ocasiones, los buques sumergidos fueron atacados en superficie o mediante armas aéreas, pero la acción de Venturer exigió cálculos precisos, audacia y una confianza absoluta en la detección acústica. La hazaña quedó relegada a los anales militares hasta que, en 2003, el pecio del U‑864 fue localizado cerca de la isla noruega de Fedje, revelando también la carga de mercurio que hoy plantea riesgos medioambientales.
El hallazgo reavivó el debate sobre la recuperación o aislamiento del naufragio, mientras que la historia del combate subacuático sigue siendo un referente de ingenio táctico. Launders resolvió un problema que, décadas después, sólo los submarinos modernos con sensores avanzados pueden enfrentar con relativa facilidad, demostrando que la creatividad y el coraje pueden superar las limitaciones tecnológicas de su tiempo.
Hoy, la historia del HMS Venturer y el U‑864 sirve como recordatorio de los extremos a los que llegaron las potencias en la última fase de la Segunda Guerra Mundial, y de cómo un episodio bajo el agua puede cambiar para siempre la percepción del combate submarino.
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Fuente: xataka