Según la Encuesta Nacional sobre Disponibilidad y Uso de Tecnologías (ENDUTIH) 2026, los jóvenes de 18 a 24 años en México pasan, en promedio, 90 días al año sin interrupción alguna frente a su teléfono móvil. Este tiempo equivale a más de 2,150 horas, lo que representa 89 días y 17 horas continuas de consumo digital, principalmente en redes sociales como Instagram y TikTok. La encuesta indica que en 2025 había 103.2 millones de usuarios de celular, lo que cubre el 84.6% de la población, y muestra un crecimiento de 26.8 millones de usuarios respecto a 2015.
Aunque la última edición de la ENDUTIH no desglosa el uso por grupos de edad, datos de años anteriores (2024 y 2025) confirman que los jóvenes de 18 a 24 años son los mayores consumidores, con un promedio de entre 5.7 y 5.9 horas diarias. Este hábito se traduce en más de 2,100 horas anuales, una cifra que supera ampliamente la de otros segmentos poblacionales. Los adolescentes de 12 a 17 años también dedican tiempo considerable al móvil, alrededor de 4.5 horas diarias, lo que suma 1,642 horas al año.
Los niños de 6 a 11 años ya están inmersos en el ecosistema digital, con un promedio de 2.6 horas diarias frente al dispositivo. Este temprano contacto con la tecnología plantea interrogantes sobre el impacto en el desarrollo cognitivo y social de los menores. Expertos en educación y salud mental advierten que la exposición prolongada a pantallas puede afectar la atención, el sueño y la capacidad de interacción cara a cara.
En respuesta a estos datos, la presidenta Claudia Sheinbaum anunció una medida que prohíbe el uso de celulares y tabletas en escuelas primarias y secundarias a partir del 3 de noviembre. La restricción permitirá el acceso a los dispositivos solo en casos de emergencia o actividades recreativas planificadas, mientras que en preparatorias y universidades la medida será exhortativa, no obligatoria. La mandataria aseguró que la iniciativa busca recuperar la creatividad y proteger el desarrollo emocional de niños y adolescentes.
El gobierno argumenta que la medida no es una prohibición total, sino una estrategia para reducir la adicción a las pantallas y fomentar el aprendizaje activo. Sin embargo, críticos señalan que la política podría ser difícil de aplicar y que se requieren acompañamiento pedagógico y campañas de concientización para lograr resultados sostenibles.
El debate sobre el uso excesivo de dispositivos móviles continúa a nivel nacional, mientras que la industria tecnológica observa con atención las decisiones regulatorias. El desafío será equilibrar la conectividad y los beneficios de la tecnología con la salud mental y el bienestar de las nuevas generaciones.
Fuente: Eluniversal