El telescopio espacial James Webb, apenas unas semanas después de iniciar sus observaciones, descubrió una serie de puntos rojos que desconcertaron a astrónomos de todo el mundo. Estos objetos, extremadamente masivos y compactos, parecían contradecir el modelo cosmológico estándar, lo que generó una avalancha de hipótesis, muchas de ellas con lagunas importantes. Desde finales de 2022, los investigadores del Instituto Max Planck de Astrofísica han buscado una explicación que no requiera física exótica, y la clave llegó de Japón, donde una supercomputadora ha recreado el Universo primitivo con una precisión sin precedentes.
Utilizando la máquina ATERUI III, los científicos lograron simular el cosmos tal como era pocos cientos de millones de años después del Big Bang. La simulación mostró que la intensa radiación ultravioleta del Universo temprano impedía la fragmentación de nubes de gas en múltiples estrellas pequeñas. En cambio, el gas colapsaba en una única estrella supermasiva, acompañada de unas cuantas protoestrellas que rápidamente desaparecían. Esa estrella colosal, al agotarse, dejaba una “semilla” de agujero negro que empezaba a crecer rodeada de densos discos de gas.
Los discos de gas actúan como un escudo: atrapan la radiación emitida por la semilla y evitan que la presión de radiación detenga su acreción. De este modo, el agujero negro puede alimentarse a una velocidad mucho mayor que la prevista por los modelos convencionales. La simulación indica que estos agujeros negros en fase de crecimiento explosivo serían los responsables de los puntos rojos observados por el James Webb, cuya luz se ha desplazado al rojo por la expansión del Universo y por la absorción de los componentes azules del gas circundante.
El hallazgo tiene implicaciones cruciales para entender cómo surgieron los agujeros negros supermasivos que se encuentran en galaxias muy jóvenes, a menos de un mil millones de años del origen del cosmos. Antes, la existencia de esos gigantes tan temprano era un enigma que obligaba a proponer procesos exóticos o modificaciones al modelo de materia oscura. Ahora, con la simulación más detallada jamás realizada, se muestra que el crecimiento rápido podría ser una consecuencia natural de las condiciones físicas del Universo temprano.
Aunque la hipótesis es la más robusta hasta la fecha, la comunidad astronómica mantiene la cautela típica del campo. Se esperan nuevas observaciones del James Webb y de otros instrumentos para confirmar la naturaleza exacta de los puntos rojos y validar la simulación japonesa. El debate sigue abierto, pero la propuesta ya reduce la necesidad de teorías extravagantes y abre una ruta clara para futuras investigaciones.
En resumen, la combinación del poder observacional del James Webb y la capacidad de cálculo de ATERUI III ha ofrecido una explicación plausible y basada en la física conocida para los misteriosos puntos rojos, acercándonos un paso más a desentrañar los primeros capítulos de la historia del Universo.
Fuente: xataka