Arabia Saudí, el mayor exportador mundial de petróleo, anunció la cancelación de varios cargamentos de crudo destinados a clientes europeos tras el ataque de drones hutíes al oleoducto Este‑Oeste. El oleoducto, que transportaba alrededor de siete millones de barriles diarios, quedó fuera de operación y las reparaciones podrían prolongarse varias semanas, según fuentes del sector.
La medida ya repercute en los mercados internacionales. El 15 de septiembre, el precio del barril de crudo de referencia Omán alcanzó los 150 dólares, un nivel que históricamente se consideraba una barrera infranqueable. Este pico se dio porque la ruta del crudo saudí a Europa ya no depende del estrecho de Ormuz ni del paso por Bab el‑Mandeb, puntos críticos controlados por Irán y los hutíes, respectivamente.
Expertos advierten que la presión sobre los precios podría extenderse a otras referencias de crudo, empujándolas también hacia máximos históricos. Jorge León, jefe de análisis de Rystad, señaló que, de continuar la escalada, la demanda global se vería amenazada, obligando a racionar reservas y a imponer cortes de suministro, lo que tendría consecuencias graves para la economía mundial.
El impacto no se limita al precio del barril; los costos de transporte también se han disparado. La disponibilidad de petroleros ha disminuido y el riesgo en las rutas marítimas de Oriente Medio ha aumentado, lo que ha llevado a que las tarifas de fletamento alcancen cerca de un millón de dólares al día, frente a menos de 100 mil dólares hace apenas un año.
Estados Unidos ha intensificado la seguridad marítima en la zona, con la Marina escoltando buques mercantes en aguas omanas y empleando técnicas de sigilo para evitar ataques. Sin embargo, la volatilidad persiste y los volúmenes diarios de carga siguen siendo inciertos, lo que complica la planificación de las refinerías europeas.
El problema saudí se suma a otras interrupciones en la oferta global: la crisis en Libia ha forzado a la National Oil Corporation a suspender operaciones en varios campos, mientras que Kazajistán reduce su producción por mantenimientos en Karachaganak. Estos factores combinados estrechan aún más el mercado petrolero, generando un escenario de estrangulamiento que podría prolongarse varios meses.
Fuente: xataka