Dos excursionistas que recorrían el monte Zvičina, en la región checa de Podkrkonoší, encontraron en febrero de 2025 una lata de aluminio oxidada incrustada en un muro de piedra. Al abrirla, descubrieron 598 monedas de oro dispuestas en once columnas, cada una envuelta en tela, y una caja metálica cercana con más de treinta objetos de aspecto dorado, entre los que destacan tabaqueras, pulseras, un peine y una cadena con llave. Ambos recipientes sumaban alrededor de siete kilogramos y sus contenidos datan de los siglos XIX y XX.
El hallazgo fue entregado al Museo de Bohemia Oriental de Hradec Králové, que remitió los objetos al Puncovní úřad, la autoridad estatal encargada de certificar la pureza de metales preciosos. El análisis de la Oficina de Ensayo confirmó que la mayor parte de las 598 monedas son de oro puro, con un peso total de 5.230,56 gramos. Según el precio oficial de la corona checa en ese momento (2.237,50 CZK por gramo), el valor económico del tesoro ronda los 440.000‑450.000 euros, aunque la cotización internacional del oro eleva la cifra a aproximadamente 637.000 euros.
Las monedas llevan fechas de acuñación entre 1808 y 1915, lo que indica que fueron enterradas después de 1921, la última fecha registrada en alguna pieza. Más allá de la cifra, el descubrimiento abre preguntas sobre su origen y propietario. Algunas hipótesis sugieren vínculos con la convivencia histórica entre checos y alemanes en la zona, posibles deportaciones durante la ocupación nazi o incluso la reforma monetaria comunista de 1953.
El museo decidió conservar el conjunto completo en lugar de dispersarlo, pues el tesoro puede aportar datos valiosos sobre los flujos de personas y el patrimonio material en Europa Central durante la primera mitad del siglo XX. Investigadores extranjeros ya colaboran en el estudio, ya que algunas monedas presentan acuñaciones que podrían relacionarse con la antigua Yugoslavia, ampliando el alcance histórico del hallazgo.
Aún quedan incógnitas sobre quiénes fueron los dueños originales y por qué se ocultó el tesoro en una zona remota. El caso recuerda que la naturaleza a menudo guarda secretos inesperados, y que la curiosidad de los caminantes puede transformar una simple lata oxidada en una ventana al pasado.
El hallazgo ha generado interés tanto en círculos arqueológicos como en el público general, y se espera que el estudio de los objetos continúe revelando detalles sobre la vida económica y social de la región en tiempos de conflicto y cambio.
Fuente: xataka