Un número inesperado de osos ha colonizado los bosques que rodean a la ciudad turística de Brașov, en Rumanía, generando una oleada de llamadas de emergencia y obligando a las autoridades a reforzar los sistemas de alerta. Según datos oficiales citados por medios locales, la zona forestal solo puede sostener de manera sostenible a unos quince ejemplares; sin embargo, los avistamientos superan la cifra centenaria, lo que indica una expansión descontrolada del hábitat natural del animal.
Los residentes de Brașov han pasado de la sorpresa al acostumbramiento. Desde enero se han registrado más de 400 llamadas relacionadas con osos que deambulan cerca de carreteras, parques y áreas residenciales. Las autoridades municipales, en coordinación con la Guardia Forestal, han implementado un protocolo de notificaciones vía SMS y aplicaciones móviles, avisando a la población sobre la presencia del mamífero en tiempo real.
Los expertos atribuyen este fenómeno a varios factores. El cambio climático ha alterado la disponibilidad de alimentos en los bosques, obligando a los osos a buscar recursos en zonas más próximas a la actividad humana. Además, la reducción de la caza furtiva y la mejora de la protección legal han permitido que la población de osos se recupere, pero sin una planificación adecuada para su distribución territorial.
El turismo, principal motor económico de Brașov, se ha visto impactado tanto positiva como negativamente. Por un lado, algunos visitantes consideran la presencia de los osos como una atracción única que añade un toque de aventura a la visita. Por otro, la percepción de riesgo ha llevado a la cancelación de excursiones y a la exigencia de medidas de seguridad más estrictas por parte de agencias de viajes.
Las autoridades locales han anunciado la creación de corredores verdes y la instalación de señalizaciones específicas para evitar encuentros peligrosos. Asimismo, se están evaluando programas de reubicación de algunos ejemplares a reservas más alejadas, aunque la logística y el costo de estas operaciones representan un desafío significativo.
Mientras tanto, la población se mantiene alerta y ha adoptado prácticas de convivencia, como asegurar la basura, evitar dejar alimentos al aire libre y respetar las zonas de advertencia. La situación subraya la necesidad de equilibrar la conservación de la fauna silvestre con la seguridad de los habitantes y el desarrollo turístico sostenible.
Fuente: RT Español