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Alcock y Brown cruzan el Atlántico en un biplano de madera y tela

por editor
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En junio de 1919 dos aviadores británicos lograron lo que parecía imposible: cruzar el Océano Atlántico sin escalas a bordo de un Vickers Vimy, un bombardeador pesado de madera, cables y lona. John Alcock y el navegante Arthur Whitten Brown despegaron desde St. John’s, Terranova, y tras 16 horas de vuelo tocaron tierra en Clifden, Irlanda, marcando el primer cruce transatlántico directo en una máquina de la época.

El Vimy medía 13,27 metros de longitud y 20,47 metros de envergadura, y estaba propulsado por dos motores Rolls‑Royce Eagle de 360 caballos de fuerza cada uno. Aunque para los estándares actuales su tamaño parece diminuto frente a un Airbus A350‑900, en 1919 representaba una de las mayores estructuras aéreas jamás construidas. Para la travesía, el avión fue modificado para llevar cerca de 3.900 litros de combustible, lo que lo hizo extremadamente pesado y dificultó su despegue, obligando a despejar un área de apenas 457 metros en la costa de Terranova.

El contexto histórico favoreció la hazaña. Apenas 16 años habían pasado desde el primer vuelo de los hermanos Wright y la Primera Guerra Mundial había impulsado avances en motores y aerodinámica. Además, la prensa ya contaba con la fotografía como herramienta de masas; Kodak y el rotograbado permitieron que imágenes de los preparativos y del aterrizaje quedaran registradas y difundidas en todo el mundo, convirtiendo al Vimy en un ícono visual de la era temprana de la aviación.

Una vez en el aire, el mayor reto dejó de ser la potencia y pasó a ser la navegación. Brown utilizó técnicas marítimas, observando el Sol y las estrellas, estimando la deriva y tomando referencias del océano. La falta de visibilidad por nubes y niebla obligó a depender de la navegación por estima durante largas etapas, poniendo a prueba la resistencia y la precisión del equipo.

El momento crítico se dio el 15 de junio, cuando una densa niebla hizo que Alcock perdiera el horizonte. El indicador de velocidad se atascó, el avión entró en pérdida y descendió a menos de 30 metros sobre el mar. Con gran destreza, logró estabilizarse a unos 15 metros de altura y continuó el vuelo hasta avistar la costa irlandesa.

Al llegar a Clifden, el Vimy se estrelló en una turbera, pero tanto Alcock como Brown resultaron ilesos. Su hazaña demostró que el Atlántico ya no era una barrera insuperable para la aviación, sentando las bases de los vuelos transcontinentales que hoy surcan el cielo en aviones de cientos de pasajeros.

Fuente: xataka

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