Las negociaciones para renovar el tratado comercial entre Estados Unidos y Canadá se desplomaron al final del viernes, desencadenando una escalada que ya se percibe como una guerra comercial entre los vecinos del norte. El presidente Donald Trump anunció este lunes la imposición de un arancel del 50 % a una serie de productos canadienses, duplicando el gravamen del 25 % que ya estaba vigente. En respuesta, el primer ministro canadiense, Mark Carney, declaró que a partir del 8 de septiembre Canadá aplicará aranceles “dólar por dólar” a los bienes estadounidenses, igualando la medida de Washington.
Desde la provincia de Quebec, Carney sostuvo que su gobierno ha sido “pragmático, paciente y perseverante” en la búsqueda de un acuerdo que proteja a los trabajadores, a las familias y a la soberanía cultural del país, incluida la lengua francesa. Subrayó que la prioridad es lograr el mejor pacto posible, y no aceptar cualquier acuerdo sin condiciones. “No pudimos aceptar lo que EE.UU. nos ofreció, ni pudimos dar lo que nos pidieron”, afirmó el mandatario, mientras ambas partes se acusan mutuamente de exigir demasiado.
Trump, por su parte, acusó a Canadá de querer “los beneficios de ser un estado de EE.UU. sin serlo”, mientras Carney respondió que Washington “pidió demasiado y ofreció muy poco”. La disputa se produce en un contexto donde Canadá destina alrededor del 70 % de sus exportaciones a Estados Unidos, y estados como Michigan, Kentucky, Indiana y Ohio dependen fuertemente del comercio bilateral. La imposición de aranceles afectará sectores clave como el acero, el automotriz y el agroalimentario, generando presiones económicas en ambos lados de la frontera.
Carney, quien llegó al poder en 2025 bajo la bandera del Partido Liberal, ha adoptado una postura combativa, usando la metáfora del hockey “levantar los codos” para describir su estrategia. Encuestas recientes muestran que el 56 % de los canadienses apoya una postura firme contra los aranceles, mientras que el 36 % está dispuesto a tomar represalias. El boicot al turismo estadounidense ya ha costado al vecino del sur unos 2.350 millones de dólares en ingresos, y la prohibición provincial del alcohol estadounidense ha reducido las exportaciones de vino y destilados en más del 70 %.
Las provincias más afectadas, como Ontario, han expresado su preocupación por los posibles impactos en la industria automotriz. El premier Doug Ford advirtió que un acuerdo bajo presión “animaría a EE.UU. a buscar concesión tras concesión”. Por su parte, el líder conservador Pierre Poilievre respaldó la decisión de Carney de no aceptar aranceles unilaterales que pudieran desindustrializar el país.
El futuro de las negociaciones sigue incierto. Trump fijó enero de 2027 como fecha de inicio para los nuevos aranceles del 50 % sobre acero y automóviles canadienses, pero el plazo amplio permite que ambas partes vuelvan a la mesa antes de que la disputa se convierta en una guerra comercial total. Las próximas elecciones de mitad de mandato en EE.UU. y la presión interna de los sectores productivos podrían influir en la dinámica, dejando abierta la posibilidad de un acuerdo renegociado o, por el contrario, una confrontación más profunda que redefina la relación entre los dos países.
Fuente: Bbc