El yate italiano Destriero se inscribe en la historia de la navegación no por su lujo, sino por una hazaña de velocidad que ha perdurado más de tres décadas. En agosto de 1992, la embarcación recorrió 3 106 millas náuticas entre Ambrose Light, frente a Nueva York, y Bishop Rock, en las islas Sorlingas del Reino Unido, en 58 horas, 34 minutos y 50 segundos, manteniendo una velocidad media de 53,09 nudos (cerca de 98 km/h). Ese récord, establecido sin repostar, sigue vigente en la categoría de yates de alta velocidad.
El proyecto nació bajo la dirección de Karim Aga Khan, entonces presidente del Yacht Club Costa Smeralda, y contó con el apoyo de figuras emblemáticas de la industria italiana como Giovanni Agnelli de Fiat. La empresa naval Fincantieri recibió el encargo de crear una nave que combinara ligereza, potencia y resistencia para enfrentar los duros retos del Atlántico abierto. No se trataba de un yate de placer, sino de una máquina diseñada exclusivamente para romper el récord de la travesía más rápida.
Destriero adoptó un casco de aluminio ultraligero y una arquitectura naval inspirada en la aeronáutica. Tres turbinas de gas General Electric LM1600, con una potencia total de 60 000 CV, impulsaban tres waterjets que le permitían superar los 65 nudos. El diseño exterior estuvo a cargo de Pininfarina, mientras que Donald L. Blount dirigía el desarrollo naval. Esta combinación inusual de ingeniería aeroespacial y naval convirtió al yate en una verdadera “máquina de avión sobre el agua”.
A pesar de su velocidad, Destriero no pudo alzarse con el Hales Trophy, premio reservado a buques comerciales de pasajeros. Sin embargo, recibió el Virgin Atlantic Challenge Trophy de Richard Branson y el Columbus Atlantic Trophy del New York Yacht Club, reconocimientos que validaron su doble cruce del Atlántico y su capacidad técnica.
Tras la proeza de 1992, el yate cayó en el olvido. Tras años de inactividad, fue trasladado a las instalaciones de Lürssen en Lemwerder, Alemania, donde quedó almacenado en condiciones cada vez más precarias. Las últimas noticias indican que la nave sigue allí, lejos de los puertos y del protagonismo que la caracterizó en su momento de gloria.
Destriero demuestra que, en una época dominada por yates gigantescos y lujosos, la verdadera innovación podía surgir de la pura obsesión por la velocidad. Su legado sigue inspirando a ingenieros y diseñadores que buscan combinar potencia, eficiencia y audacia en la navegación moderna.
Fuente: xataka