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España se convierte en el punto caliente de Europa: calor extremo, incendios y sequía sin precedentes

por editor
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El verano de 2025 marcó un antes y un después en la historia climática de España. Según la AEMET, las temperaturas promedio superaron los récords bimestrales y el termómetro alcanzó valores que, hasta hace poco, se consideraban imposibles. Este calor no es un simple inconveniente estival; se ha convertido en la principal amenaza silenciosa para la salud pública y el medio ambiente.

Los datos del Sistema MoMo del ISCIII revelan la magnitud humana de la crisis: 3,832 fallecimientos fueron atribuidos directamente al exceso de calor durante el mismo periodo, y el 84% de las víctimas tenían más de 74 años. La vulnerabilidad de la población anciana evidencia cómo el cambio climático castiga de forma desproporcionada a los grupos más frágiles, mientras que la exposición de trabajadores al aire libre sigue en aumento.

A nivel continental, un estudio de ISGlobal publicado en *Nature Medicine* sitúa a España como el segundo país europeo con mayor mortalidad por calor, solo detrás de Italia, con más de 6,700 muertes en el verano de 2024. La combinación de altas temperaturas, sequía extrema y vientos secos ha intensificado la peligrosidad de los incendios forestales, aunque el número total de incendios ha disminuido gracias a la prevención.

Investigaciones del consorcio World Weather Attribution (WWA) y del programa Copernicus indican que las condiciones que alimentan los incendios fueron 40 veces más probables y 30% más intensas en 2025, atribuibles al calentamiento global inducido por el ser humano. El déficit histórico de presión de vapor ha secado la vegetación, convirtiendo los bosques en polvo listo para arder, superando la capacidad de extinción de los bomberos.

La sequía, menos visible pero más profunda, también ha alcanzado niveles críticos. Un análisis de la Universidad de Oviedo, que revisó 75 años de desastres naturales, muestra un aumento dramático de la severidad de eventos hidrológicos en las últimas dos décadas. Galicia, tradicionalmente húmedo, activó alertas por sequía y dependió de camiones cisterna para abastecer a sus pobladores, evidenciando que la escasez de agua ya no es exclusiva del sur.

Frente a esta nueva normalidad, la comunidad científica advierte que el reto ya no es detener el cambio climático, sino acelerar la adaptación. Se requieren reformas urgentes en la planificación urbana, el sistema sanitario, la gestión forestal y el consumo de agua para enfrentar una vulnerabilidad crítica que amenaza la vida cotidiana de los españoles.

El futuro de España depende de la rapidez con la que gobiernos, instituciones y ciudadanos implementen medidas de resiliencia. Sin una respuesta coordinada, el país seguirá pagando un alto precio por la inacción frente al calentamiento global.

Fuente: xataka

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