El pasado 22 de agosto la temperatura media diaria de la superficie del mar, medida entre los 60° N y los 60° S, alcanzó los 21,104 °C, el valor más alto jamás registrado desde que existen los instrumentos de medición. El récord anterior, del 1 de marzo de 2024, se quedó en 21,09 °C, apenas 0,014 °C por debajo. Aunque la diferencia parezca mínima, el contexto estacional convierte ese pequeño margen en una señal alarmante.
En el hemisferio sur, donde se concentra la mayor parte del agua del planeta, el ciclo térmico oceánico tiene su punto máximo alrededor de marzo y su mínimo en agosto. Por lo tanto, lograr el récord en pleno “invierno” del océano es mucho más significativo que en el “verano”. El calor registrado supera con creces la media esperada para esa época del año, indicando que el sistema climático está desplazándose de forma irreversible.
Los océanos absorben cerca del 91 % del exceso de calor generado por la actividad humana. Esta capacidad de amortiguación ha retrasado la manifestación de los efectos del calentamiento global, pero también ha provocado que la tasa de aumento de la temperatura oceánica se duplique en las últimas décadas. El fenómeno El Niño, que ha sido particularmente fuerte este año, ha contribuido a elevar los valores de superficie, pero no es la única causa.
Las consecuencias ya se perciben. En el Mediterráneo, tormentas más intensas están generando daños costosos, y en el Pacífico, el ciclón tropical Lala tocó Hawái por primera vez en 155 años. Estos eventos extremos son el reflejo de un océano que actúa como un “caldero” de calor, amplificando fenómenos meteorológicos en todo el globo.
Según el profesor Ryan Katz‑Rosene, de la Universidad de Ottawa, es probable que estas temperaturas sean las más altas del período Holoceno y, quizá, del último interglacial que ocurrió hace 125 000 años. Estudios paleoclimáticos confirman que, durante los últimos 12 000 años, la tendencia ha sido únicamente ascendente, y que la temperatura interglacial previa era comparable a la que se registra en la era moderna.
El desafío ahora es anticipar qué ocurrirá cuando llegue el “verano oceánico” en marzo, si El Niño sigue intensificando el calentamiento. La comunidad científica advierte que debemos prepararnos para eventos más severos y frecuentes, pues el récord de agosto es solo una muestra de lo que podría convertirse en la nueva norma.
En conclusión, el nuevo máximo histórico de la temperatura superficial del mar no es un dato aislado, sino una señal clara de que el planeta está alcanzando niveles de calor sin precedentes en la historia reciente, con implicaciones directas para la seguridad alimentaria, la biodiversidad marina y la vida humana en general.
Fuente: Xataka