Empresas líderes en inteligencia artificial, como OpenAI y Amazon Web Services, anunciaron inversiones multimillonarias para construir centros de datos en Chile y Argentina. Los gobiernos de la región, encabezados por el presidente libertario de Argentina, Javier Milei, están adaptando marcos regulatorios para atraer estos proyectos, mientras que Ecuador ya emplea software de vigilancia de estas firmas en sus fronteras.
La geografía de la Patagonia, con extensas áreas deshabitadas y abundantes recursos eólicos y solares, se presenta como el escenario ideal para alimentar la alta demanda energética que requiere la IA. Esta ventaja natural ha motivado a los inversores a considerar la zona como un futuro hub tecnológico, lo que podría generar empleos y desarrollo infrastructural en áreas tradicionalmente marginadas.
Sin embargo, el entusiasmo contrasta con la preocupación de expertos en seguridad. Carla Álvarez, analista de riesgos, advierte que la presencia de compañías como Palantir, cuyo software de vigilancia se usa en la frontera ecuatoriana, convierte a algunos países sudamericanos en “laboratorios de pruebas”. La falta de transparencia sobre los acuerdos estatales y la posible cesión de datos sensibles plantean serios interrogantes sobre la soberanía digital de la región.
En Argentina, figuras como Elon Musk y el propio Peter Thiel buscan estrechar lazos con el gobierno de Milei, incluso considerando inversiones inmobiliarias en la Patagonia. Thiel se reunió recientemente con el presidente chileno José Antonio Kast y con el candidato ultraderechista Johannes Kaiser, manifestando interés en el sector minero y señalando que Europa ya no ofrece oportunidades comparables.
Brasil, por su parte, sigue una estrategia distinta. El presidente de izquierda, Lula da Silva, destina cuatro mil millones de dólares a proyectos nacionales de IA y alberga la mayor cantidad de centros de datos de la región. Aun así, el clima de incertidumbre económica hace que muchos empresarios amenacen con emigrar si el mandatario resulta reelegido, reflejando tensiones entre crecimiento tecnológico y estabilidad macroeconómica.
La dualidad entre la atracción de capitales extranjeros y la preservación de la autonomía tecnológica plantea un dilema para los países sudamericanos. Mientras algunos ven en la IA una vía para modernizar sus economías, otros temen depender de proveedores externos sin desarrollar capacidades locales, lo que podría comprometer la capacidad de gestionar estos sistemas en el futuro.
En conclusión, Sudamérica se perfila como un escenario clave para la expansión de la inteligencia artificial, pero la ruta elegida determinará si los beneficios superarán los riesgos de una posible pérdida de soberanía y control sobre datos críticos.
Fuente: Dw