Cada noche, millones de usuarios de México y del mundo se acuestan con el móvil en mano, pensando que el scrolling les ayuda a desconectar. Sin embargo, los oftalmólogos advierten que la exposición a la luz azul intensa en la oscuridad impacta directamente la retina, generando un daño acumulativo que, aunque no produce ceguera inmediata, sí altera la función ocular.
El problema principal no radica solo en la luz azul, sino en la forma en que usamos los ojos frente a la pantalla. Un estudio de 2018 reveló que más del 50% de los usuarios de ordenadores y teléfonos sufre fatiga visual digital, manifestada en dificultades acomodativas y sequedad ocular. Cuando la vista se fija en una pantalla, la frecuencia de parpadeo disminuye de 15 a 7‑8 veces por minuto, reduciendo la lubricación y provocando ojo seco, una condición cada vez más frecuente entre jóvenes.
Otro efecto medible es el aumento de la presión intraocular (PIO). En una investigación con 39 jóvenes, el uso de un smartphone con luz tenue elevó la PIO en un 24.7% tras solo 15 minutos, mientras que la luz diurna provocó un aumento del 12.9%. Aunque la presión vuelve a la normalidad al dejar el dispositivo, en personas con glaucoma la elevación puede alcanzar el 25.9% después de 25 minutos en una habitación oscura, lo que representa un riesgo potencial para quienes ya presentan problemas oculares.
Existen varios mitos que circulan en redes sociales. Uno de ellos sugiere que el uso nocturno del móvil incrementa la probabilidad de desarrollar glaucoma en individuos predispuestos genéticamente. Sin embargo, el estudio que sustenta esa afirmación no analizó el uso a oscuras y carece de significancia estadística. Otro rumor habla de una ceguera irreversible por daño a la mácula; en realidad, lo descrito en el New England Journal fue una pérdida temporal de visión al comparar un ojo adaptado a la oscuridad con otro expuesto a la pantalla.
Respecto a la temida luz azul, la evidencia científica aún es inconclusa. Una revisión Cochrane concluyó que no existen datos suficientes que demuestren beneficios de los filtros azules ni protección contra la degeneración macular. Por lo tanto, el mayor peligro de usar el móvil antes de dormir no es oftalmológico, sino circadiano.
Estudios clásicos, como el de Harvard en 2015, mostraron que la exposición a dispositivos electrónicos retrasa la conciliación del sueño, reduce su calidad y suprime la melatonina. Este desajuste del reloj biológico afecta la salud general, el rendimiento cognitivo y el bienestar emocional. En consecuencia, la recomendación de expertos es limitar el uso del móvil al menos una hora antes de acostarse y activar modos nocturnos con menor brillo.
En resumen, aunque las pantallas no nos vuelvan ciegos de forma permanente, su uso indiscriminado en la oscuridad perturba nuestro sueño y puede agravar afecciones oculares preexistentes. Adoptar hábitos digitales más saludables es esencial para proteger tanto la visión como el descanso nocturno.
Fuente: Xataka