En el hospital Nasser, en la zona de al‑Mawasi, la pequeña Raseel, de seis años, yace en una cama de aislamiento con una pierna fracturada, heridas infectadas y un fragmento de metralla incrustado en su cerebro. Sus heridas no responden a los antibióticos disponibles en Gaza, obligando a los médicos a reabrirlas y limpiarlas más de veinte veces. La niña necesita urgentemente un injerto de piel, pero el proceso de cicatrización se ha visto obstaculizado por bacterias multirresistentes, según el médico de Médicos Sin Fronteras, Awni al‑Jaafarawi.
Raseel perdió a su hermana de nueve años y a su primo de veinte en el ataque aéreo que destruyó su tienda de campaña el 30 de julio, según testigos. Su padre, Mahmoud al‑Balawi, la cuida en el hospital mientras el conflicto continúa. Las Fuerzas de Defensa de Israel niegan haber realizado ataques en esa zona, pero la situación humanitaria se agrava: hospitales sobrecargados, escasez de medicamentos y falta de agua potable.
Un estudio de diez años, realizado por investigadores locales con el apoyo del Imperial College de Londres y la Universidad Americana de Beirut, reveló una resistencia bacteriana generalizada a los antibióticos en once hospitales de Gaza. De casi 80,000 muestras analizadas, la mayoría mostró resistencia a fármacos clave, creando un entorno propicio para infecciones intratables. La OMS considera la resistencia a los antimicrobianos una de las mayores amenazas a la salud mundial.
La falta de infraestructura de agua y saneamiento, destruida en gran parte por los bombardeos, ha intensificado la propagación de enfermedades. Según la ONU, el 80% de las familias en Gaza carecen de agua suficiente, y la recolección de residuos se ha detenido, lo que ha provocado una proliferación de ratas y comadrejas en los campamentos. Una encuesta de la ONG Site Management Cluster indica que el 81% de los desplazados conviven con roedores, lo que ha derivado en mordeduras y heridas que, sin atención adecuada, pueden requerir amputaciones.
Los casos de amputaciones están en aumento, incluso con el alto fuego acordado en octubre de 2025. El médico al‑Jaafarawi advierte que, si la guerra cesa, seguirán los retos de infecciones resistentes y la necesidad de cirugías mayores. Además, la crisis psicológica es latente: la ONU estima que prácticamente todos los niños de Gaza requieren apoyo psicosocial urgente.
A pesar de la gravedad, hay un rayo de esperanza para Raseel. Tras semanas de negociaciones, autoridades israelíes y la Organización Mundial de la Salud autorizaron su traslado a Egipto, donde será atendida en un hospital cercano al Cairo. Su padre espera que allí pueda recibir el injerto de piel y el tratamiento neurológico que no está disponible en Gaza.
Mientras tanto, la comunidad internacional sigue presionando para que se levanten los bloqueos de medicamentos y se restablezca el acceso al agua y al saneamiento. Sin una solución integral, la combinación de conflicto armado, resistencia a antibióticos y falta de recursos básicos seguirá cobrando una alta tasa de mortalidad entre los niños y la población civil de Gaza.
Fuente: Bbc