Susanne Callin, piloto sueca de 43 años, describe el Top Fuel como “salir disparada de un cañón”. En la categoría más rápida del automovilismo, los dragsters alcanzan más de 480 km/h en apenas cuatro segundos, generando fuerzas G que superan las de un astronauta en lanzamiento. A diferencia de otras disciplinas, aquí las mujeres no solo participan, sino que frecuentemente vencen a sus rivales masculinos, conquistando siete de los últimos nueve Campeonatos de Europa.
El Top Fuel se disputa en una recta de 305 metros donde dos autos se lanzan cara a cara. En el primer segundo el piloto sufre una sacudida al pasar de cero a 160 km/h; a mitad de la pista ocurre otra explosiva cuando el embrague se acopla totalmente. Para Callin esa descarga de adrenalina es “extremadamente adictiva”, aunque reconoce que la preocupación por los riesgos está siempre presente. Los protocolos de seguridad, reforzados tras tragedias en 2004 y 2008, incluyen trajes ignífugos, habitáculos reforzados y paracaídas que frenan el vehículo al cruzar la meta.
Los espectadores también sienten la potencia del deporte: el ruido, comparable al de un avión de combate al despegar, obliga a usar protección auditiva y las vibraciones hacen temblar el suelo. La velocidad máxima oficial supera los 558 km/h, muy por encima de los 372 km/h que alcanza un monoplaza de Fórmula 1. Por eso, la precisión y los reflejos fulminantes son imprescindibles; cualquier ajuste mínimo en la dirección puede marcar la diferencia entre la victoria y una colisión.
Más allá del talento, la igualdad de género en Top Fuel se atribuye a factores culturales. Según la organización More Than Equal, la presencia constante de referentes femeninos, programas de base accesibles y una cultura colaborativa en los boxes han creado un entorno donde la participación femenina es “supernormal”. Pilotos como Shirley Muldowney, primera mujer en obtener licencia Top Fuel en 1977, allanaron el camino para generaciones actuales.
Muchas de estas pilotos provienen de familias vinculadas al deporte. Callin creció entre motores, su padre y tío fueron también competidores. Después de una pausa de una década para criar a sus hijas, volvió a los 35 años y desde entonces ha acumulado títulos, incluido su segundo campeonato europeo consecutivo en Santa Pod, Reino Unido. Su marido dirige el circuito y sus hijas ya compiten en categorías junior, demostrando que la pasión se transmite de generación en generación.
A pesar del éxito, persisten desafíos en otras áreas del automovilismo, como la Fórmula 1, donde las mujeres siguen siendo una minoría y enfrentan hostilidad. Sin embargo, en el Top Fuel la igualdad avanza, y Callin apunta a un nuevo récord: ser la primera persona, hombre o mujer, en ganar tres campeonatos consecutivos. El futuro del deporte parece estar en manos de pilotos que, sin importar su género, comparten la misma pasión por la velocidad y la adrenalina.
Fuente: Bbc