Un equipo de investigadores de la Universidad RMIT de Melbourne ha demostrado que los posos de café, un residuo que normalmente termina en vertederos, pueden transformarse en un aditivo para el hormigón que aumenta su resistencia en casi un 30%. La iniciativa surge como respuesta al doble problema ambiental que representan los desechos de café y la extracción masiva de arena de ríos y canteras, utilizada en la construcción a nivel mundial.\n\nLos posos de café, al descomponerse, liberan gases de efecto invernadero como metano y dióxido de carbono. Por su parte, la extracción de arena daña ecosistemas fluviales y consume alrededor de 50.000 millones de toneladas al año.
Los ingenieros de RMIT, liderados por el Dr. Rajeev Roychand, buscaron una solución que atacara ambos problemas simultáneamente.\n\nPara lograrlo, los posos fueron sometidos a pirólisis a 350 °C sin oxígeno, proceso que los convierte en biochar, un material poroso rico en carbono. Este biochar no se puede añadir directamente a la mezcla de hormigón, pues los compuestos orgánicos interferirían con el fraguado del cemento. Sin embargo, una vez carbonizado, el biochar actúa como sustituto parcial de la arena.
En pruebas de laboratorio, reemplazar el 15 % de la arena por biochar elevó la resistencia a la compresión del hormigón en 29,3 % respecto a una mezcla convencional.\n\nLos resultados también mostraron que temperaturas más altas, como 500 °C, producían un biochar demasiado poroso y con grietas microscópicas, lo que debilitaba la mezcla. Por ello, 350 °C resultó ser el punto óptimo. Los investigadores estiman que Australia genera 75 millones de kilogramos de posos al año, suficiente para sustituir cientos de millones de kilogramos de arena; a nivel global, la cifra supera los 10.000 millones de kilogramos.\n\nAún falta validar el desempeño del hormigón de biochar bajo condiciones reales de clima, congelación y carga prolongada.
Además, la eficiencia energética del proceso de pirólisis a gran escala debe evaluarse para confirmar su viabilidad ambiental y económica. No obstante, la RMIT ya ha llevado la tecnología a la práctica: en 2024, en colaboración con Major Road Projects Victoria y la constructora BildGroup, se utilizó hormón de biochar en una acera de McGregor Road, Pakenham, empleando 5 toneladas de posos y ahorrando 3 toneladas de arena.\n\nUn análisis de ciclo de vida indicó que el método puede reducir las emisiones de CO₂ entre 15 % y 26 %, según la proporción de arena sustituida. La universidad continúa trabajando con socios industriales para escalar la producción y evaluar la adopción del material en proyectos de infraestructura mayores.
Si se logra, la iniciativa podría marcar un hito en la economía circular de la construcción, transformando un residuo cotidiano en un recurso estructural de alto rendimiento.
Fuente: xataka