En 1825 el guayabo fresa (Psidium cattleianum) llegó a Hawaií como una fruta exótica y nutritiva. Las autoridades de la época lo promovieron para alimentar a la población, y su sabor dulce y su abundante cosecha lo convirtieron en un elemento de la gastronomía local. Sin embargo, la planta, originaria del sureste de Brasil, encontró en el archipiélago un clima ideal y empezó a colonizar miles de hectáreas, desde la costa hasta zonas a 1,500 metros de altitud.
Los científicos describen al guayabo fresa como una de las especies invasoras más agresivas del planeta. La UICN lo incluye entre las 100 peores invasoras del mundo porque forma densas masas forestales que desplazan a la vegetación nativa, aumentan la erosión del suelo y reducen la recarga de acuíferos. Un estudio de la Universidad de Hawaií reveló que los bosques infestados pierden un 27 % más de agua que los bosques de ‘Ōhi‘a lehua, el árbol autóctono más común.
El problema se agrava cuando los frutos caídos atraen a la mosca de la fruta oriental (Bactrocera dorsalis), una plaga que ataca más de cuatrocientos cultivos. Además, animales como cerdos salvajes dispersan las semillas, facilitando la expansión de la guayaba. Las autoridades locales llevan más de una década intentando frenar su avance, pero la tala manual resulta insuficiente porque la planta rebrote con vigor.
Una de las soluciones más prometedoras proviene de un pequeño insecto brasileño, la cochinilla Tectococcus ovatus. Este artrópodo se alimenta de la savia del guayabo fresa, provocando agallas en hojas y ramas que limitan su crecimiento. Aunque no elimina los árboles, reduce su capacidad reproductiva sin dañar otras especies. Los estudios entre 2005 y 2020 mostraron que el impacto de la cochinilla es moderado, pero suficiente para ralentizar la invasión.
Para potenciar la dispersión de T. ovatus, los científicos de Hawaií han incorporado drones de control remoto. Estas plataformas aéreas permiten cubrir áreas extensas con mayor rapidez que los métodos tradicionales de aplicación manual. En pruebas recientes, el uso de drones alcanzó una tasa de éxito del 86,6 % en la liberación del insecto, frente al 97,6 % del método convencional, pero con una eficiencia operativa mucho mayor.
A pesar de los avances, los expertos advierten que la guayaba fresa seguirá presente en el paisaje hawaiano. La meta es mantener su expansión bajo control y restaurar el equilibrio de los bosques nativos, protegiendo recursos hídricos y la biodiversidad única del archipiélago. La combinación de control biológico y tecnología de drones representa una estrategia innovadora que podría servir de modelo para otras islas amenazadas por especies invasoras.
Fuente: Xataka