El pasado lunes se llevó a cabo el funeral del exgeneral Ratko Mladic en Belgrado, un evento que ha encendido la polémica internacional y ha puesto en entredicho los avances de Serbia hacia la adhesión a la Unión Europea. Mladic, condenado por genocidio, crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad durante la guerra de Bosnia (1992‑1995), falleció a los 84 años en un hospital penitenciario de La Haya el 27 de agosto. Su entierro, al que asistieron miles de personas, incluyó el uso de un avión gubernamental y la escolta de las Fuerzas Armadas serbias, lo que ha sido interpretado como una glorificación del criminal de guerra.
Los presidentes del Consejo Europeo, António Costa, y de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, condenaron en un comunicado la ceremonia, calificándola de “lamentable” y “contraria a los valores fundamentales de la UE”. El portavoz de Asuntos Exteriores de la UE, Christian Wigand, reiteró que cualquier exaltación de criminales de guerra y negación del genocidio son incompatibles con el proceso de ampliación. En respuesta, la comisaria europea de Vecindad y Ampliación, Marta Kos, canceló su visita programada a Serbia, subrayando que la actitud del gobierno serbio no se alinea con los criterios de adhesión.
El gobierno de Belgrado, por su parte, negó haber organizado el funeral, aunque admitió que el féretro fue transportado en un avión oficial y cubierto por la bandera nacional. El patriarca de la Iglesia Ortodoxa Serbia, Porfirio, ofició la misa fúnebre; el presidente Aleksandar Vučić no asistió, pero su hijo Danilo y varios ministros de alto rango, entre ellos los de Defensa y Justicia, sí estuvieron presentes. La presencia de altos funcionarios ha generado críticas de la comunidad internacional, que lo ve como una señal de continuidad del nacionalismo extremo.
Desde la muerte de Mladic, la capital serbia se ha visto cubierta de murales y pancartas que lo exaltan, y el sábado se realizó un velatorio público que atrajo a decenas de miles de seguidores. Estas manifestaciones reflejan la persistente división en la sociedad serbia entre quienes consideran a Mladic un héroe y quienes lo recuerdan como responsable de atrocidades que dejaron más de 10,000 víctimas.
La polémica se enmarca en el proceso de integración de Serbia a la UE, que exige cumplimiento de normas de Estado de derecho, respeto a los derechos humanos y condena al revisionismo histórico. La UE ha advertido que la glorificación de figuras condenadas por crímenes de guerra podría retrasar o incluso bloquear la apertura de negociaciones de adhesión, una perspectiva que el gobierno de Vučić ha intentado minimizar.
En conclusión, el funeral de Ratko Mladic no solo ha reavivado el dolor de las víctimas de la guerra de Bosnia, sino que también ha puesto en jaque la estrategia serbia de acercarse a Europa. La comunidad internacional observará de cerca los próximos pasos de Belgrado, mientras los aspirantes a la membresía europea deben demostrar un compromiso real con los valores que sustentan la unión.
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Fuente: RT Español