El gobierno francés, encabezado por el primer ministro Sébastien Lecornu, autorizó este lunes a los alcaldes a imponer toques de queda parciales después de una ola de protestas y saqueos que sacudió al país durante el fin de semana. En Marsella, la segunda ciudad más poblada, se prohibieron reuniones públicas entre las 12:00 y las 20:00 horas, mientras que en el norte, ciudades como Lille, Douai, Wattignies y Denain establecieron un toque de queda de 18:00 a 04:00 GMT. En Coulaines, la restricción se limitó a menores de edad, prohibiéndoles transitar por la calle durante la noche.
El ministro del Interior, Laurent Nuñez, cuya renuncia fue rechazada por el presidente Emmanuel Macron, reconoció que la policía perdió el control en varios municipios. Las autoridades reportan más de 2,500 arrestos y cerca de 1,000 agentes heridos, entre ellos un manifestante que perdió una mano tras la explosión de una granada antidisturbios. Los disturbios, que iniciaron como reclamos estudiantiles por mejores condiciones escolares, se ampliaron para incluir protestas contra el alza del combustible, la inflación y el deterioro de los servicios públicos.
Lecornu responsabilizó a “grupos radicales de extrema izquierda” por la escalada de violencia, asegurando que buscan desestabilizar el país antes de las próximas elecciones presidenciales. El mandatario advirtió que, de ser necesario, podría declararse estado de emergencia y anunció un fondo para reparar los daños materiales, cuyo costo se recuperará de los autores de los actos vandálicos. Además, se destinará un subsidio parcial de desempleo a quienes perdieron su fuente de ingresos por los saqueos.
El ministro del Interior indicó que unos 200 investigadores revisan las imágenes de cámaras de seguridad para identificar a los presuntos cabecillas de los alborotadores. Mientras tanto, el presidente de la Cámara de Comercio e Industria de Francia, Alain Di Crescenzo, estimó que los destrozos superan los cientos de millones de euros, afectando a más de 2,000 comercios en todo el territorio.
Entre los incidentes más graves, el histórico ayuntamiento de Limoges fue incendiado, provocando el colapso de su torre del reloj y su tejado. Testigos describieron a los agresores como individuos enmascarados y vestimenta negra, que prendieron fuego a vehículos y edificios en París, Marsella y otras localidades. La policía respondió con gases lacrimógenos y granadas aturdidoras, mientras lanzaban botellas y piedras contra los agentes.
Macron, por su parte, hizo un llamado a distinguir entre las demandas legítimas de los manifestantes pacíficos y los actos de destrucción cometidos por los llamados “ladrones” y “matones”. La situación sigue bajo estrecha vigilancia, y las autoridades prometen reforzar la seguridad en futuras concentraciones políticas para garantizar el ejercicio de la democracia.
Fuente: Bbc