Europa lleva años intentando cerrar la brecha tecnológica que la deja dependiente de Estados Unidos en el sector de los semiconductores de inteligencia artificial. Ahora Alemania y los Países Bajos han anunciado una iniciativa conjunta que busca diseñar una nueva generación de chips usando la propia IA que los alimenta. La propuesta, liderada por la agencia neerlandesa NADI y la alemana SPRIND, destinará 40 millones de euros en 20 meses a pequeños equipos de investigación. El objetivo es crear diseños que cubran tanto el entrenamiento de modelos como la inferencia, dos cargas críticas para cualquier sistema de IA.
La novedad del programa radica en emplear la IA desde la fase de búsqueda de arquitecturas hasta la generación de RTL, la descripción lógica del hardware. Además, se utilizarán agentes de aprendizaje por refuerzo para explorar soluciones y validar que cumplan los requisitos de rendimiento y consumo energético. Con esta automatización, los equipos pretenden reducir ciclos de desarrollo que hoy pueden durar años a escalas de semanas. SPRIND asegura que, si se logra, la aceleración será de varios órdenes de magnitud, aunque la prueba real está pendiente.
El financiamiento se dividirá en dos etapas: una primera de ocho meses con hasta 2.6 millones de euros por equipo y una segunda de doce meses que podrá aportar hasta 7 millones adicionales. Los grupos que culminen ambas fases podrán recibir hasta 9.6 millones para acercar sus propuestas a un diseño listo para producción. Esta estructura busca incentivar la rapidez y la calidad, favoreciendo a startups y centros de investigación que trabajen en soluciones disruptivas.
Ambos países aportan fortalezas complementarias. Países Bajos cuenta con el ecosistema de semiconductores que gira alrededor de ASML, líder mundial en litografía. Alemania, por su parte, ofrece una sólida base en investigación y fabricación de chips, respaldada por universidades y laboratorios de renombre. El Gobierno neerlandés ha reservado 500 millones de euros para lanzar NADI, que se coordinará estrechamente con SPRIND, creada en 2019.
Esta iniciativa se enmarca en el Chips Act 2.0 de la Comisión Europea, que reconoce la dependencia de la UE en el diseño y la producción de los semiconductores más avanzados. Reducir la exposición a tecnologías externas, especialmente a EE. UU., es una prioridad estratégica. El proyecto alemán‑holandés es una pieza clave para lograr una mayor autonomía europea en la cadena de valor de la IA.
Aunque el uso de IA en el diseño de chips no es una novedad –Google DeepMind ya empleó AlphaChip para sus TPU–, Europa ahora cuenta con un programa financiado y metas ambiciosas. El éxito dependerá de la capacidad de los equipos para traducir la teoría en siliconas reales y de la rapidez con que logren pasar de prototipos a producción en serie.
Fuente: xataka