El 23 de abril el autor se colocó un anillo inteligente Oura Ring 4 en el índice derecho y, cuatro semanas después, dio la bienvenida a su primera hija. Los cuatro meses que lleva usando el dispositivo coinciden con el periodo más intenso, feliz y con menos sueño de su vida, lo que convierte la experiencia en un caso de estudio sobre cómo la tecnología puede leer señales que el propio cuerpo no percibe.
El Oura Ring 4 se vende a partir de 379 euros, aunque en Amazon el precio ha bajado a 265 euros tras el lanzamiento del modelo 5, cuyo coste inicia en 429 euros y llega a 529 euros en versiones premium. Además, la empresa obliga a sus usuarios a suscribirse a un plan de 5,99 euros al mes (69,99 al año) para acceder a métricas avanzadas como análisis profundo del sueño, frecuencia cardíaca continua, SpO2, temperatura y estrés. Sin la suscripción, la app solo muestra puntuaciones diarias de sueño, actividad y “readiness”, y el nivel de batería.
Esta estrategia de negocio ha sido clave para Oura: en 2025 facturó cerca de 1.000 millones de dólares, con un 80 % proveniente del hardware y un 20 % de suscripciones. La compañía ha vendido más de 5,5 millones de anillos y cuenta con más de cinco millones de suscriptores pagos, de los cuales el 80 % renueva después del primer año. Actualmente prepara su salida a bolsa, con una valoración estimada en 16.000 millones de dólares.
En la práctica, el autor describe cómo el anillo pasó de ser un juguete de métricas a una herramienta esencial para entender su fisiología durante la transición a la paternidad. Al principio sintió el dispositivo en cada movimiento, pero pronto se habituó. El anillo, recomendado para el índice derecho por su mejor captura de pulsaciones, incluye un kit de tallas que envía versiones de plástico para probar antes de fabricar el definitivo, evitando errores de ajuste.
El punto más revelador llegó cuando, tras meses de alta carga de entrenamiento y estrés laboral, la llegada del bebé provocó una pausa total de ejercicio y trabajo. Esperaba que sus indicadores empeoraran, pero la frecuencia cardíaca en reposo disminuyó y la variabilidad aumentó, señalando una fase de supercompensación: el cuerpo, tras acumular fatiga, mostró una adaptación fisiológica superior durante el descanso.
Este hallazgo subraya la utilidad del Oura Ring como registro externo cuando la autopercepción falla. Aunque el autor no recomienda seguir ciegamente los números, afirma que la información proporcionada le permitió reconocer que, pese al agotamiento, su condición aeróbica había mejorado. En conclusión, el anillo se consolida como un aliado para atletas y usuarios que buscan datos objetivos en momentos críticos de su vida.
Fuente: xataka