El lujoso transatlántico francés Normandie, de 313 metros de eslora y símbolo del Art Déco, quedó bajo control estadounidense tras el ataque a Pearl Harbor. Renombrado USS Lafayette, debía transformarse rápidamente en transporte militar para llevar miles de soldados al frente europeo. La urgencia bélica obligó a iniciar la conversión en el Pier 88 de Manhattan en diciembre de 1941, pese a las advertencias de los capitanes Clayton Simmers y Robert Coman, quienes estimaban que la obra requeriría varios meses.
El 6 de febrero se notificó un aplazamiento, pero al día siguiente la orden se revirtió y se mantuvo la fecha de salida para el 14 de febrero. El 9 de febrero, mientras los trabajadores apuraban los trabajos, una chispa del soplete alcanzó unos chalecos salvavidas de kapok almacenados en el gran salón. El fuego se propagó con rapidez gracias al viento y, a las 14:30 h, ya consumía gran parte de las cubiertas superiores.
Apenas unas horas después, los equipos de emergencia lanzaron alrededor de 6 000 toneladas de agua para contener el incendio. El exceso de agua quedó atrapado dentro del casco y, al aumentar la escora, el buque comenzó a inclinarse peligrosamente. A medianoche se ordenó el abandono y, a las 2 45 h del 10 de febrero, el Lafayette yacía apoyado de babor con una inclinación cercana a los 80 grados, prácticamente hundido en el río Hudson.
Las primeras teorías apuntaron a un posible ataque enemigo, pero la investigación del Congreso reveló una cadena de negligencias: falta de coordinación entre autoridades, planificación deficiente y, sobre todo, la presión de “prisas indebidas” para cumplir con el calendario militar. El secretario de Marina, Frank Knox, admitió que la necesidad de transportes forzó la reducción de procedimientos y la delegación de responsabilidades de forma inusual.
A pesar del desastre, la Marina lanzó una de las mayores operaciones de recuperación naval de la época. Durante más de un año se retiró la superestructura y se intentó enderezar el casco, logrando estabilizarlo en agosto 1943. Sin embargo, los daños estructurales y la evolución de la guerra hicieron inviable su puesta en servicio. En 1946 el antiguo Normandie fue vendido como chatarra, sin haber transportado ni un solo soldado bajo bandera estadounidense.
El caso del Lafayette ilustra cómo la presión de la guerra puede truncar proyectos emblemáticos y convertir símbolos de lujo en fracasos logísticos. La historia del Normandie‑Lafayette sigue siendo un recordatorio de que la velocidad sin planificación puede terminar en desastre, incluso para los buques más majestuosos del mundo.
Fuente: Xataka