La Cámara de Representantes de Estados Unidos aprobó este miércoles un proyecto de ley impulsado por el fallecido senador Lindsey Graham que busca imponer aranceles de hasta el 100 % a los compradores de petróleo y gas ruso, entre ellos China, India y otros países. La iniciativa, catalogada por sus críticos como una medida “infernal”, pretende ejercer una presión sin precedentes sobre la industria energética de Moscú y, al mismo tiempo, castigar a quienes continúan adquiriendo sus recursos. La propuesta autoriza al presidente Donald Trump a aplicar estos gravámenes de forma unilateral, sin pasar por el Congreso, lo que ha encendido alarmas en los mercados internacionales y en los gobiernos de Pekín y Nueva Delhi.
Pekín respondió de inmediato condenando la normativa por vulnerar la jurisdicción extraterritorial y el derecho internacional, recordando que las sanciones deben contar con el respaldo del Consejo de Seguridad de la ONU. Según el Ministerio de Relaciones Exteriores chino, la medida carece de fundamento legal y constituye una interferencia en la soberanía de los Estados. Expertos en política exterior, como Martin Chorzempa del Instituto Peterson, advierten que Washington evitará escalar la tensión antes de la cumbre Trump‑Xi de finales de septiembre, pero subrayan que cualquier intento de imponer aranceles obligará a China a tomar represalias.
Los analistas de Eurasia Group, encabezados por Dan Wang, aseguran que China no cederá ante la presión y seguirá importando crudo ruso. Una reducción drástica en el suministro energético pondría en riesgo la seguridad energética del gigante asiático, algo que describen como “políticamente inaceptable”. Ante una posible sanción, Pekín podría restringir el acceso a exportaciones de tierras raras, imponer aranceles propios y activar su “triple escudo legal”: prohibición de cumplir sanciones extranjeras, la Ley de Bloqueo de 2021 que anula multas externas y un esquema de indemnización estatal que protege a las empresas chinas.
India, por su parte, también ha manifestado su rechazo a la iniciativa estadounidense, prometiendo adoptar todas las medidas necesarias para proteger sus intereses comerciales. El país ya ha demostrado su disposición a absorber gravámenes, como el arancel del 25 % impuesto en agosto de 2025, que aceptó pagar en lugar de cortar las compras de petróleo ruso. Harsh Pant, de la Observer Research Foundation, señala que la opinión pública india se ha vuelto cada vez más hostil hacia EE.UU., lo que limita el margen político para ceder ante Washington.
Los expertos advierten que los nuevos aranceles podrían frenar la negociación de un acuerdo comercial bilateral entre India y EE.UU., y que Nueva Delhi podría buscar una exención discreta. Mientras tanto, las refinerías indias han asegurado contratos de crudo para septiembre y octubre, incluidos volúmenes rusos, para evitar una escasez que dispararía los precios internos. La industria pide al gobierno que dialogue con Washington y logre flexibilidad que permita liquidar transacciones ya pactadas.
En conjunto, la legislación antirrusas de EE.UU. no solo amenaza la economía energética de Moscú, sino que también plantea un reto geopolítico para Washington, que deberá equilibrar su política de sanciones con la necesidad de no alienar a dos de los mayores compradores de energía del mundo. La respuesta de China e India sugiere que la confrontación podría escalar, poniendo a prueba la capacidad de negociación del presidente Trump en un momento crítico para la diplomacia global.
Fuente: RT Español