Un equipo de científicos japoneses y argentinos ha anunciado el hallazgo de cáscaras de huevo de dinosaurio en la Formación Chorrillo, una capa del Cretácico Superior ubicada en la zona más meridional de la Patagonia. Los restos, del tamaño aproximado de un balón de fútbol, se atribuyen a titanosaurios, gigantes herbívoros que habitaban la Tierra hace unos 70 millones de años. El descubrimiento es sorprendente porque el clima de la región, similar al de una ciudad del norte de España en la época, habría sido demasiado frío para que los huevos pudieran incubarse sin ayuda externa.
Los investigadores observaron que las cáscaras presentan numerosos poros grandes, lo que indica que los embriones necesitaban un flujo constante de aire. Sin embargo, los cálculos térmicos realizados por los autores demuestran que el simple enterramiento de los huevos no habría generado el calor necesario para su desarrollo. Ante este dilema, los científicos buscaron pistas en los parientes vivos de los dinosaurios: cocodrilos y aves.
Al estudiar la reproducción de los cocodrilos de agua salada y de ciertas aves australianas, como los talégalos, descubrieron que ambos grupos utilizan compost en descomposición para crear microincubadoras. Las bacterias que degradan la materia vegetal liberan calor, elevando la temperatura del nido y favoreciendo la eclosión. Los autores proponen que los titanosaurios podrían haber adoptado una estrategia similar, cubriendo sus huevos con una capa de vegetación en descomposición para generar un ambiente cálido en medio de un clima hostil.
Esta hipótesis, aunque aún no probada de forma concluyente, encaja con la evidencia disponible: la ubicación geográfica, la estructura de los poros y el comportamiento de los descendientes de los dinosaurios. La teoría sugiere que los gigantes del Cretácico fueron pioneros en la construcción de incubadoras naturales, una práctica que precede a la invención humana de la incubadora moderna.
Para validar la idea, los paleontólogos necesitan encontrar más yacimientos con huevos de titanosaurio y buscar rastros de materia orgánica carbonizada alrededor de ellos. Hasta ahora, los hallazgos son escasos, lo que dificulta confirmar o refutar la propuesta. Sin embargo, el descubrimiento abre nuevas preguntas sobre la adaptación de los dinosaurios a climas fríos y su capacidad para modificar su entorno.
En conclusión, el estudio plantea una visión innovadora de la biología reproductiva de los titanosaurios, sugiriendo que estos reptiles gigantes podrían haber fabricado sus propias incubadoras mediante compost caliente. La hipótesis, elegante y plausible, espera ser corroborada por futuros hallazgos fósiles que permitan descifrar con mayor precisión los misterios de la vida en la Patagonia prehistórica.
Fuente: Xataka