Un equipo de arqueólogos turcos reveló este lunes los restos de un barco que se hundió entre 4.400 y 4.700 años atrás, frente a la isla de Kekova, en la costa de Antalya. El hallazgo, anunciado por el ministro de Cultura y Turismo, Mehmet Nury Ersoy, marca el descubrimiento del naufragio más antiguo jamás documentado, superando al pecio griego de Dokos, datado en torno a 4.200 años. Las excavaciones, iniciadas en 2026 con permiso del gobierno y bajo la dirección del Museo de Antalya, continúan bajo la supervisión científica del profesor Hakan Öniz de la Universidad de Akdeniz.
La arqueóloga australiana Karin Sowada, de la Universidad Macquarie, se unió al proyecto y describió los objetos recuperados: anclas de piedra y una gran cantidad de ánforas de cerámica. Estas vasijas, utilizadas para transportar cereales, aceite, vino o resinas, presentan residuos espumosos que aún se analizan para determinar su contenido original. Algunas podrían haber albergado aceite de oliva, mientras que otras podrían haber sido reutilizadas como recipientes para mantequilla o queso, según sugiere una pieza con marcas y perforaciones especiales.
El contexto histórico del naufragio es crucial. Si la datación propuesta es correcta, el barco se hundió mientras los egipcios erigían la Gran Pirámide de Giza, lo que evidencia la existencia de redes comerciales marítimas ya consolidadas en el Mediterráneo oriental. Los análisis de la arcilla de las ánforas indican una probable fabricación en talleres del valle del Jordán, y se han encontrado piezas similares en Egipto, Troya y Creta, lo que sugiere intercambios entre civilizaciones que hoy consideramos distantes.
Los naufragios de la Edad del Bronce son extremadamente escasos, pues la madera de los cascos se descompone con el tiempo. En el caso de Kekova no se conservó ningún fragmento de la estructura, por lo que la datación se basó exclusivamente en la tipología de las ánforas, comparándolas con ejemplos de la misma época en Oriente Próximo. Este método, aunque aproximado, permite situar el siniestro en el primer milenio antes de Cristo.
El hallazgo también aporta datos sobre la vida a bordo. La presencia de una ánfora con marcas que sugiere la elaboración de productos lácteos indica que los marineros podían producir alimentos frescos durante travesías largas, posiblemente transportando cabras o corderos. Este detalle enriquece la comprensión de la logística y la dieta de los comerciantes marítimos de la época.
Con la publicación de estos resultados, la comunidad científica espera profundizar en el estudio de los residuos y en la comparación con otros hallazgos del Mediterráneo. El naufragio de Kekova promete convertirse en una pieza clave para reconstruir las primeras rutas comerciales y las interacciones culturales que moldearon el mundo antiguo.
Fuente: xataka