Una muestra de agua salina recogida en un modesto motel de Carolina del Norte ha permitido a la investigadora Julia Van Etten describir dos nuevas especies de amebas fotosintéticas, Paulinella marae y Paulinella murrayi. Estas amebas, descubiertas mientras la científica disfrutaba de unas vacaciones de bajo costo, representan la única evidencia conocida de una “segunda endosimbiosis primaria”, un proceso evolutivo similar al que dio origen a los cloroplastos de las plantas hace 1.600 millones de años. El hallazgo, publicado en el Journal of Phycology, eleva a seis el número total de especies del género Paulinella, que hasta hace poco sólo incluía a P. chromatophora, descubierta en el siglo XIX.
El contexto evolutivo es crucial: la endosimbiosis primaria original consistió en una célula eucariota que engulló una cianobacteria y la retuvo como orgánulo fotosintético, creando los cloroplastos. En Paulinella, el ancestro de estas amebas capturó una cianobacteria distinta entre 90 y 140 millones de años atrás, lo que equivale a un evento evolutivo reciente. Este “cromatóforo” funciona como un plasto en construcción, ofreciendo una ventana única para observar cómo se forman los orgánulos fotosintéticos a nivel genético y estructural.
Van Etten y su equipo secuenciaron los genomas completos de los cromatóforos de ambas especies, encontrando que, aunque la mayoría de los genes se conservan, existen reordenamientos genéticos inesperados. Los árboles filogenéticos construidos a partir del ADN nuclear y del orgánulo no coinciden del todo, lo que sugiere que aún faltan muchos taxones por muestrear y que la historia evolutiva de estas amebas es más compleja de lo que se pensaba. Además, datos de redes de aficionados a la microscopía indican que estas especies podrían estar distribuidas globalmente, pero han pasado desapercibidas.
El descubrimiento subraya la importancia de la investigación de campo sencilla y de bajo costo. No se necesitó un laboratorio multimillonario; bastó con una botella de agua tomada en el patio de un motel. Este hecho refuerza la idea de que los grandes misterios de la evolución pueden esconderse en entornos cotidianos, esperando a ser descubiertos por científicos curiosos y colaboraciones ciudadanas.
Las implicaciones son amplias: comprender una segunda endosimbiosis primaria ayuda a desentrañar los mecanismos que permitieron la aparición de la fotosíntesis en la Tierra y abre la puerta a nuevas investigaciones sobre la plasticidad evolutiva de los orgánulos. Asimismo, el estudio plantea preguntas sobre la diversidad microbiana no catalogada y su posible impacto en ecosistemas y biotecnología.
En resumen, el hallazgo de Paulinella marae y Paulinella murrayi no solo amplía el árbol filogenético de las amebas fotosintéticas, sino que también ofrece una oportunidad única para observar la evolución de los orgánulos en tiempo real, recordándonos que la ciencia avanza tanto con grandes inversiones como con simples botellas de agua.
Fuente: Xataka