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Crisis del agua en Guadalajara: el río Santiago y el sistema antiguo al borde del colapso

por editor
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En los últimos años la zona metropolitana de Guadalajara ha vivido una verdadera emergencia hídrica. El río Santiago, conocido como el más contaminado de México, lleva más de dos décadas bajo el ataque de descargas industriales y municipales. Enrique Enciso, cofundador del colectivo Un Salto de Vida, recuerda que a finales de los setenta se produjo la primera gran mortandad de peces, cuando el cauce se tornó blanco por los cadáveres flotantes. Desde entonces la degradación ha sido constante, pero la falta de acciones contundentes ha llevado a la situación actual, donde el agua que sale de los grifos huele a desecho y tiene un color negro imposible de consumir.

El problema se agrava en la presa Las Pintas, ubicada entre Tlaquepaque y El Salto, que recibe el canal del mismo nombre, parte del llamado “sistema antiguo”. Este acueducto a cielo abierto transporta aproximadamente el 20 % del agua que la metrópoli consume, procedente del lago de Chapala. Sin embargo, análisis realizados por el investigador Juan Pablo Macías revelan niveles alarmantes de coliformes fecales, metales pesados como manganeso, hierro y aluminio, y compuestos químicos que la planta de Miravalle, construida en 1956, no puede tratar. La causa principal son las descargas irregulares de aguas residuales que se vierten directamente en el canal.

Ante la evidencia, el gobierno estatal cerró las compuertas del sistema el 7 de octubre, lo que redujo el suministro en un 20 %. Para compensar, la autoridad de agua implementó un esquema de tandeos por sectores, que dejará sin agua a entre dos y tres días a la semana a casi la mitad de los habitantes de Guadalajara durante al menos seis meses. Mientras tanto, se planifica la modernización de la planta de Miravalle y la construcción de un bypass que evite el paso por la presa de Las Pintas.

Expertos de la Universidad de Guadalajara, como el profesor José Arturo Gleason, señalan que el canal y la presa son solo la punta del iceberg. La cuenca del Valle de Atemajac presenta una red de más de 8 500 km de tuberías y 162 tanques de almacenamiento, muchos de ellos envejecidos y con filtraciones. La falta de monitoreo constante y de diagnósticos actualizados impide identificar los puntos críticos donde el agua potable se mezcla con aguas negras, lo que agrava la contaminación.

Las propuestas del gobierno, que incluyen la construcción de un nuevo acueducto desde Chapala y la iniciativa CMRO que contempla capital privado, son vistas con escepticismo. Gleason argumenta que la solución no pasa por la privatización sino por una gestión integral, que incluya la reparación de redes viejas, la vigilancia de descargas y la participación ciudadana. México cuenta con abundantes recursos hídricos –se estiman 777 millones de metros cúbicos anuales que caen sobre la región– pero la pérdida de hasta el 60 % en drenajes revela una gestión ineficiente.

La crisis del agua en Guadalajara es, según los activistas, una consecuencia directa de la falta de regulación y de la prioridad dada a intereses económicos sobre el bienestar colectivo. Mientras se discuten proyectos de infraestructura, la población sigue enfrentando la imposibilidad de usar el agua para actividades básicas como lavarse los dientes o cocinar. La urgencia de una solución integral es ahora, antes de que el deterioro alcance niveles irreversibles.

Fuente: Eluniversal

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