El primer ministro canadiense, Mark Carney, admitió recientemente que su gobierno ha elaborado escenarios de defensa ante una posible invasión estadounidense, aunque calificó el riesgo como bajo y la probabilidad como “altamente improbable”. La declaración, hecha al New York Times, forma parte de una gestión de riesgos que busca anticipar cualquier cambio en la relación bilateral bajo la administración de Donald Trump, quien ha impuesto aranceles y ha insinuado la idea de convertir a Canadá en el estado número 51.
Esta preocupación no es nueva. En 2025, el propio presidente de EE.UU. describió como “muy improbable” que Washington utilizara la fuerza contra su vecino del norte, pero mantuvo la presión económica como herramienta principal. Expertos militares coinciden en que una invasión directa sería inviable, pues ambos países son miembros de la OTAN y colaboran estrechamente a través del comando NORAD, compartiendo inteligencia y realizando misiones conjuntas en el Ártico.
Sin embargo, encuestas recientes revelan que más del 30% de los canadienses consideran plausible una agresión estadounidense, especialmente después de la captura de Nicolás Maduro en Venezuela, un hecho que alimentó temores sobre la capacidad de EE.UU. para intervenir en asuntos externos. El teniente general retirado Christopher Coates, con 34 años de servicio en la Real Fuerza Aérea de Canadá, subraya que cualquier acción de Washington probablemente comenzaría con ciberataques antes que con una invasión terrestre.
Históricamente, la relación entre ambos países ha sido compleja. Desde la Guerra de 1812, cuando fuerzas estadounidenses cruzaron la frontera norte, hasta la participación conjunta en conflictos mundiales, Canadá ha desarrollado una identidad basada en la resistencia al expansionismo estadounidense. Durante la Primera Guerra Mundial, el país elaboró planes de inteligencia que incluían agentes encubiertos tomando fotos de puentes y carreteras fronterizas.
En la actualidad, los militares canadienses están actualizando sus planes de contingencia. Un modelo teórico sugiere que, en caso de un ataque, las fuerzas estadounidenses superarían rápidamente a las canadienses, obligando a este último a recurrir a la guerrilla y a solicitar apoyo a aliados como Francia y el Reino Unido. El jefe de defensa de Canadá ha pedido ampliar el número de soldados a 300,000, aunque muchos de ellos tendrían entrenamiento limitado.
Aunque la probabilidad de un conflicto armado sigue siendo mínima, el debate evidencia una creciente inquietud en Canadá sobre su dependencia militar y económica de EE.UU. Analistas como Matthew Schmidt advierten que la percepción de vulnerabilidad podría alterar la política exterior canadiense, obligando a reevaluar alianzas y a reforzar la capacidad de respuesta ante amenazas, por muy improbables que parezcan.
Fuente: Bbc