La condena a cadena perpetua para Ismael ‘El Mayo’ Zambada, dictada en Estados Unidos, marca el fin de una era en la historia del narco en México. Zambada, cofundador del cartel de Sinaloa, junto con Joaquín ‘El Chapo’ Guzmán, encarna la figura del líder narco mexicano que durante décadas fue omnipotente. Comenzó a cultivar marihuana en las montañas de Sinaloa en 1969 y con el tiempo creció en el negocio hasta controlar las rutas de cocaína de Sudamérica a EE.UU. La sentencia ordenó incautarle $15.000 millones, la suma de ganancias que EE.UU. estima que ha tenido el cartel. Expertos consideran que la caída de Zambada y otros líderes narcos marca el fin de una generación de líderes criminales que se agota. Los carteles ahora buscan estructuras de liderazgo más resilientes e interconectadas, con métodos operativos que incluyen mandos descentralizados. La violencia desatada en Sinaloa ha estremecido al estado y ha cambiado el rol de los viejos capos, que ya no existen como figura de patrón. En su lugar, hay figuras de alcance más local que siguen con el negocio entre pactos y pulsos con otros grupos criminales. Un informe del International Crisis Group indica que ni las batallas territoriales de narcos en Sinaloa, ni el despliegue militar, han alterado el suministro de fentanilo, lo que sugiere que hay nuevos actores y lugares de producción de la droga. La conclusión es que poco o nada ha cambiado el problema del narcotráfico y la violencia en México.
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