Desde la crisis del petróleo en 1973, la arquitectura bioclimática ha sido una opción para combatir el calor. Un arquitecto mexicano, Luis Barragán, lleva décadas enfriando casas con pintura. Barragán entendió la importancia del color y utilizó superficies rosas, ocres o azules para reaccionar a la luz cambiante del día, transformando la profundidad, la cercanía y la temperatura visual del espacio. Su arquitectura se movía con el sol, y con ella también cambiaba la sensación del habitante. La Casa Estudio Luis Barragán, construida en 1948, es un ejemplo de cómo una vivienda puede apelar a todos los sentidos a la vez. La UNESCO destaca el diálogo profundo entre luz, espacio y materia en su obra. Barragán desconfiaba de la arquitectura moderna de vidrio y transparencia total, y defendía la ‘media luz’ como refugio. Sus casas recuerdan que enfriar no siempre significa enfriar el aire, sino controlar la luz, domesticar la sombra, reducir el vidrio, usar materiales adecuados y elegir bien un color. Estas soluciones son lentas, silenciosas y muy anteriores a la tecnología doméstica moderna. La neuroarquitectura actual sostiene que el color, la luz y la materia alteran la sensación física del espacio, lo que demuestra que la arquitectura de Barragán es una conversación abierta con el presente.
0
previous post