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Álabama reutiliza árboles de Navidad para crear dunas que frenan huracanes

por editor
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Cuando termina la temporada navideña en Alabama, cientos de pinos y abetos no terminan en un vertedero; son transportados al litoral del Golfo de México y enterrados en la arena. El programa, que lleva casi cuatro décadas en Gulf State Park, consiste en colocar los árboles limpios de adornos sobre zonas erosionadas, formando barreras temporales que el viento convierte en nuevas dunas. Cada año, estudiantes y voluntarios participan en la tarea, siguiendo una técnica que data de antes de 2021 y que ha demostrado su eficacia tras huracanes como Ivan y Katrina.

El proceso es sencillo pero ingenioso: los árboles se disponen en grupos de tres, a veces en forma de “U”, y se cubren ligeramente con arena para estabilizarlos. Cuando sopla el viento, las ramas actúan como obstáculos que reducen la velocidad del aire y atrapan los granos transportados. Con el tiempo, la arena se acumula alrededor del tronco, enterrando gradualmente la madera y formando una duna emergente. Este mecanismo natural se potencia con la plantación posterior de especies autóctonas, como la avena de mar y el panicgrass, cuyas raíces fijan la arena y evitan su pérdida en futuros temporales.

Las dunas no son meros montículos de arena; constituyen la primera línea de defensa contra marejadas ciclónicas y la erosión costera. Además, ofrecen hábitat a tortugas marinas, aves migratorias y al amenazado ratón de playa de Alabama. Por eso, después de que los árboles capturaran la arena, los biólogos del U.S. Fish and Wildlife Service y grupos de scouts plantaron más de mil ejemplares de vegetación nativa en Fort Morgan, consolidando la estructura y garantizando su permanencia.

Los resultados son palpables. Dieciséis meses después de la intervención, los sitios que antes dependían de vallas y plantaciones fallidas mostraron dunas claramente visibles y estables. En la actualidad, alrededor de 200 estudiantes y voluntarios colaboran cada temporada, logrando la plantación de unas 3,000 plantas costeras y convirtiendo lo que era una barrera temporal de árboles muertos en una duna viva y resistente.

Aunque un árbol de Navidad no puede detener por sí solo la furia de un huracán, su uso acelera un proceso natural: el viento mueve la arena, los obstáculos la acumulan y la vegetación la fija. Alabama ha demostrado que la reutilización de desechos festivos puede aportar una segunda vida inesperada, reforzando la costa frente a futuras tormentas.

La iniciativa también genera conciencia ambiental y fortalece lazos comunitarios, al involucrar a jóvenes y organizaciones locales en la protección del litoral. Con cada temporada, la práctica se perfecciona y se extiende a otras áreas vulnerables, ofreciendo un modelo replicable para costas amenazadas por el cambio climático y la intensificación de eventos extremos.

Fuente: xataka

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