Un joven llamado Yang Zhilin consiguió un doctorado en la Universidad Carnegie Mellon en solo cuatro años. Después de eso, las grandes tecnológicas como Apple, Google y Meta se peleaban por contratarlo. Sin embargo, Yang decidió regresar a China y fundar su propia empresa, Moonshot AI, donde creó la familia de modelos de IA Kimi y se convirtió en uno de los grandes gurús de la IA en el país. Su historia es un ejemplo de un gran problema que enfrenta Estados Unidos. Muchos jóvenes talentos chinos que se forman en EEUU están regresando a su país de origen para crear sus propias startups en lugar de trabajar para las grandes empresas en Silicon Valley. Un estudio de la Hoover Institution en Stanford reveló que el 53,5% de los investigadores que trabajaron en DeepSeek nunca estudió o trabajó fuera de China, y que el 70% de los que sí tuvieron experiencia en EEUU terminaron regresando a su país. La diferencia entre EEUU y China no solo es financiera, sino operativa. Los emprendedores chinos tienen más probabilidades de lanzar soluciones reales y en producción en menos de cinco años en China que en EEUU. La incertidumbre política y la desconfianza institucional en EEUU han acelerado las salidas de científicos chinos del país. La trayectoria de Moonshot AI demuestra que hay vida más allá de Silicon Valley y que el talento chino está volviendo a China. La pregunta es si el Gobierno de EEUU modificará sus requisitos y propuestas para obtener un visado y evitar la fuga de cerebros.
Fuente: xataka