Después de miles de quejas, Stellantis asumió en enero de 2025 que algo había salido mal con sus motores PureTech. La compañía había caído en una producción defectuosa que podía provocar roturas en el motor prematuramente. Aunque el coste monetario ha sido alto, lo peor para la compañía ha sido el coste reputacional. Los motores PureTech habían generado miles de quejas de clientes que reclamaban a la empresa que se hicieran cargo de las averías. La compañía no tuvo más remedio que aceptar el error y confirmó que se ampliaba la garantía de estos motores y pagarían las reparaciones de todos los motores que hubieran quebrado entre 2022 y 2024. El problema es que el diseño del motor podía provocar que la correa bañada en aceite se contaminara con residuos de combustible hasta el punto de provocar un desgaste prematuro que la rompiera inesperadamente. Si la correa de distribución se rompe, el daño sobre el motor puede ser mortal. Stellantis ha presentado el Turbo 100, el sustituto de los malogrados propulsores. La compañía cerrará la planta de Douvrin en Francia, explican nuestros compañeros franceses de L’Automobile. La decisión es una consecuencia directa de los malos resultados de los motores y el cambio de estrategia de la compañía. La fábrica llevaba en funcionamiento desde 1969 y su construcción nació de las inversiones de Peugeot y Renault. La compañía ha recolocado a 340 empleados en otra planta para producir baterías y otra cifra muy similar se ha incorporado a diferentes puestos. Queda por saber el destino de 100 trabajadores que no han sido reubicados formalmente. El cierre de la planta francesa es solo otro ejemplo más de cómo la industria del motor europea está sufriendo con la reconversión al coche eléctrico.
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