Gustavo Hernández Montaño lleva tres décadas trabajando la tela y la madera en su taller de tapicería, ubicado en el centro histórico de Xalapa. Desde hace 18 años es dueño del negocio familiar, donde repara y crea sillones, sillas y asientos de automóviles con técnicas heredadas de generaciones anteriores. Su oficio, que combina precisión manual y conocimiento de materiales, ha sobrevivido a la modernización de la industria del mueble, pero hoy enfrenta un reto mayor: la falta de aprendices dispuestos a continuar la tradición.
El taller de Gustavo se fundó en 1995, cuando decidió abandonar un empleo estable en una fábrica de muebles para dedicarse a la artesanía que aprendió de su abuelo. Con el tiempo, el espacio se ha convertido en un punto de referencia para vecinos y comerciantes que buscan restauraciones de calidad. Además, el artesano ha participado en ferias locales y ha impartido talleres ocasionales, intentando transmitir su saber a jóvenes de la comunidad.
Sin embargo, la realidad ha cambiado. En los últimos cinco años, la cantidad de estudiantes que llegan a preguntar por un aprendizaje ha disminuido drásticamente. Gustavo señala que la generación actual prefiere carreras vinculadas a la tecnología o a empleos en el sector servicios, y que la percepción del trabajo artesanal como “poco rentable” aleja a los potenciales aprendices. La falta de incentivos económicos y la competencia de productos importados de bajo costo también pesan en la decisión de los jóvenes.
Ante este escenario, el artesano ha buscado alternativas para revitalizar su oficio. Recientemente se asoció con la Universidad Veracruzana para ofrecer una materia electiva de tapicería tradicional, y ha solicitado apoyo al gobierno estatal para crear un programa de certificación que reconozca la labor de los artesanos. Asimismo, ha empezado a comercializar sus piezas a través de plataformas digitales, ampliando su mercado más allá de la ciudad.
Los vecinos de Xalapa valoran su trabajo y muchos consideran que la tapicería es parte del patrimonio cultural de la región. Organizaciones locales de cultura y turismo han propuesto incluir el taller de Gustavo en rutas de turismo artesanal, lo que podría generar una nueva fuente de ingresos y mayor visibilidad. La comunidad espera que estas iniciativas logren atraer a nuevos talentos y mantengan viva una práctica que ha definido la identidad de la ciudad por generaciones.
Gustavo Hernández Montaño sigue firme en su misión: “Mientras haya gente que valore el trabajo hecho a mano, seguiré enseñando”. Su historia refleja tanto la resistencia como la vulnerabilidad de los oficios tradicionales en México, y plantea la necesidad de políticas públicas y apoyo social para preservar el legado artesanal.
Fuente: Diario de Xalapa