Un equipo de la Universidad Western Ontario ha publicado, por primera vez, cifras exactas sobre la contaminación lumínica provocada por los satélites en órbita baja (LEO). El estudio, realizado con seis cámaras instaladas en el Observatorio Elginfield, Ontario, analizó 24,812 rastros de 5,118 satélites únicos durante 36 noches entre el 7 de octubre y el 11 de noviembre de 2024. Los resultados revelan que, en el crepúsculo, 96% de los pasos de satélites observados fueron más brillantes que el límite recomendado por la Unión Astronómica Internacional (UAI), que establece una magnitud visible de 7 o mayor para que los satélites sean invisibles a simple vista.
Los investigadores dividieron los datos por constelaciones. OneWeb resultó la mejor, con solo un 6% de sus pasos superando el límite y una magnitud mediana de 7.3. En contraste, Starlink, la constelación de SpaceX, aportó dos tercios de los pasos infractores, aunque su gran número de satélites (más de 10,000 en la actualidad) explica en parte esta cifra. Cuando se analizan los porcentajes, la constelación china Guowang obtuvo la peor calificación: la mitad de sus pasos excedieron el umbral de la UAI, frente al 25% de Starlink.
El problema no es estático. En el momento del estudio Guowang contaba con apenas 12 satélites; hoy supera los 300 y tiene planes de lanzar muchos más. SpaceX, por su parte, proyecta un millón de satélites para alimentar sus centros de datos, lo que podría incrementar considerablemente la contaminación lumínica si no se adoptan medidas efectivas. Los astrónomos advierten que la calidad de las observaciones se verá comprometida, como muestra un cálculo que indica que, en el Observatorio Vera Rubin de Chile, una de cada tres exposiciones al crepúsculo podría quedar contaminada.
Hasta ahora, los efectos de esta luz artificial se han percibido principalmente en la astronomía. Sin embargo, la proliferación masiva de satélites podría, a largo plazo, impactar la salud de flora y fauna, tal como ocurre con la contaminación lumínica urbana. La luz reflejada por los satélites podría alterar patrones de migración y ciclos biológicos, aunque aún no hay estudios concluyentes al respecto.
Algunas compañías, como SpaceX, han comenzado a pintar sus satélites de negro para reducir el brillo. Los primeros resultados son prometedores, pero la reducción no siempre alcanza los niveles establecidos por la UAI. Por ello, científicos y reguladores exigen una legislación más estricta y la búsqueda de soluciones tecnológicas que limiten la emisión de luz sin comprometer la funcionalidad de los satélites.
En conclusión, la expansión acelerada de constelaciones en LEO plantea un desafío ambiental y científico que requiere acción inmediata. Sin políticas claras y tecnologías de mitigación, la contaminación lumínica espacial podría convertirse en un problema inabarcable para la observación del cosmos y, potencialmente, para los ecosistemas terrestres.
Fuente: xataka