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Voces femeninas en IA: ¿Preferencia real o sesgo económico oculto?

por editor
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Los asistentes virtuales que usamos a diario – Siri, Alexa, los GPS – comparten una característica casi universal: su voz predeterminada es femenina. Esta tendencia no es accidental; está arraigada en sesgos cognitivos que asocian la voz de mujer con la amabilidad, la empatía y la disposición al servicio. Sin embargo, un estudio reciente liderado por investigadores suizos pone a prueba cuán profundos son esos prejuicios cuando se trata de recompensar económicamente a una IA.

El experimento, realizado por equipos de la Universidad de Limerick y la Universidad de Zúrich, involucró a 189 participantes equipados con gafas de realidad virtual. Cada sujeto interactuó con tres tipos de asistentes: un chatbot de texto, un robot de escritorio y uno de dos avatares humanos, Johan (masculino) o Johanna (femenino). Todos los agentes utilizaban el mismo modelo de lenguaje, GPT‑4 de OpenAI, lo que garantizó que las diferencias percibidas no provinieran del algoritmo sino de la presentación visual y vocal.

Al concluir las tareas, los participantes debían asignar una recompensa económica a cada IA, pudiendo distribuir hasta cuatro francos suizos entre ellas. Sorprendentemente, aunque en las entrevistas muchos aseguraron que el género del asistente era irrelevante o incluso preferían una entidad sin género, sus decisiones monetarias mostraron lo contrario: los avatares humanos recibieron mayores recompensas que el robot, y la diferencia entre Johan y Johanna se tradujo en una ligera ventaja para el avatar femenino.

Los resultados revelan una contradicción latente: la autopercepción de imparcialidad no coincide con la conducta real. Además, la preferencia por voces femeninas en dispositivos cotidianos se sustenta en la creencia de que una mujer virtual es más accesible, mientras que una voz masculina se asocia con autoridad y firmeza. Estas asociaciones, heredadas de una sociedad históricamente sexista, se reflejan en la manera en que valoramos el trabajo de una IA.

El estudio también señala un problema estructural en la industria tecnológica: la escasa representación femenina. Según la UNESCO, solo el 20 % de los puestos técnicos y el 12 % de los investigadores en IA son ocupados por mujeres. Esta falta de diversidad alimenta la reproducción de estereotipos de género en los modelos de lenguaje, que a su vez perpetúan los sesgos en la interacción humano‑máquina.

En conclusión, la investigación suiza muestra que la apariencia y el género de una IA influyen significativamente en la confianza y la compensación que le otorgan los usuarios. El desafío ahora es diseñar asistentes que, sin importar su voz o forma, sean evaluados por su desempeño y no por prejuicios arraigados.

Fuente: Xataka

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