En la década de 1950, autoridades argentinas y estancieros transformaron la pequeña Isla Victoria, frente a Bariloche, en un experimento de introducción de especies exóticas. Además de ciervos europeos, jabalíes y árboles foráneos, liberaron pavos reales, gallinas de Guinea y cinco tipos de faisanes plateados, con la idea de crear una “arca de Noé” que atrajera turismo de caza.
El proyecto colapsó rápidamente y, para 1959, la estación de caza quedó abandonada. Setenta años después, un equipo del CONICET y la Universidad Autónoma del Comahue instaló ocho trampas de cámara entre junio de 2011 y mayo de 2012, registrando 710 avistamientos de mamíferos y aves. Solo dos especies eran autóctonas: el chucao y el ratón colilargo; el resto correspondía a los invasores, entre ellos 222 registros de faisanes.
Los datos revelaron una densidad alarmante: 5,69 faisanes por hectárea en áreas alteradas y 1,77 en zonas menos intervenidas. En su hábitat natural, el parque nacional de Khao Yai en Tailandia, la densidad apenas supera 0,15 por hectárea. La diferencia radica en que la isla fue reforestada con pinos y eucaliptos, creando un ecosistema que favoreció al ave exótica, mientras que la fauna local carece de depredadores capaces de controlarla.
A diferencia de Asia, donde el faisán plateado enfrenta depredadores como el gato leopardo y la comadreja siberiana, en Isla Victoria no existen animales de tamaño suficiente para reducir su población. Incluso la presencia confirmada de pumas en la isla durante los últimos 15 años no ha frenado su expansión, lo que inquieta a los investigadores.
El crecimiento descontrolado de los faisanes plantea riesgos ecológicos: compiten por alimento y espacio con especies nativas, alteran la estructura del bosque y pueden propagar enfermedades. Además, la posibilidad de que la población se extienda al continente patagónico genera temor de un desequilibrio mayor en ecosistemas ya frágiles.
Los científicos llaman la atención sobre la necesidad de una gestión urgente, que incluya medidas de control y monitoreo, para evitar que esta especie invasora transforme permanentemente la biodiversidad de la región. La lección de Isla Victoria advierte sobre los peligros de introducir especies exóticas sin evaluación de largo plazo.
Fuente: Xataka